La presencia de Dios en nuestra vida es discreta, suave; se reconoce con la mirada atenta de la fe. Como llegó a entenderlo el profeta Elías, Dios se hace sentir como brisa tenue, que nos rodea con cuidado. Cuesta creer que Dios esté tan cerca y tan presente y por eso a veces llegamos a pedirle que nos haga caminar sobre las aguas.
Mi reflexión sobre las lecturas de este XIX domingo durante el año, ciclo A, 9 de agosto de 2026.
Bendiciones.
+ Heriberto, Obispo de Canelones, Uruguay.
