Jesús ha anunciado su pasión a sus discípulos. Ellos no pueden aceptar que ese sea el camino del Mesías de Israel. La transfiguración de Jesús es una anticipación de su resurrección. Jesús los lleva a lo alto para que vivan una profunda experiencia espiritual, que les permita, en su momento, superar el escándalo de la Cruz. Los discípulos de hoy estamos llamados a transparentar con nuestra vida de fe la luz que surge del rostro resplandeciente de Jesucristo.
Mi reflexión sobre el evangelio de este Domingo II de Cuaresma, ciclo A, 1 de marzo de 2026.
Bendiciones.
+ Heriberto, Obispo de Canelones, Uruguay.
