Cuando reducimos la vida a las necesidades inmediatas, cuando no miramos más lejos ni más alto, nuestra vida pierde su horizonte, pierde su sentido último, que solo se encuentra en Dios, en participar de su eternidad. Ese fin último unifica todo nuestro ser.
Mi reflexión sobre las lecturas de este Domingo I de Adviento, ciclo A, 30 de noviembre de 2025.
Bendiciones.
+ Heriberto, Obispo de Canelones, Uruguay.
