Como muchos lo han vivido y otros lo han oído en algunas ocasiones el Obispo ha orientado la oración de la asamblea litúrgica hacia el ábside (lo que de un modo simple pero que desorienta se dice: de espaldas).

                Si bien, normalmente he explicado su sentido, a algunos les ha llamado la atención y otros no han recibido la suficiente información.

                Por ello, creo conveniente dialogar más ampliamente al respecto.

PRINCIPIOS

  1. En la oración litúrgica, y más concretamente en la Santa Misa, no se trata simplemente de lo que hace el sacerdote, sino de la acción de todo el Pueblo de Dios, sacramentalmente orgánico, congregado por la Trinidad (o sea no es si el sacerdote de frente o de espaldas, sino del conjunto de los signos, en este caso de la orientación de toda la asamblea)
  2. La Liturgia es el ejercicio del sacerdocio de Cristo, que une consigo a su Esposa la Iglesia, en el culto público ante el Padre (SC 7).
  3. La orientación del obispo o sacerdote que preside la asamblea debe comprenderse desde su misión de obrar in persona Christi (en la persona de Cristo), que une al cuerpo eclesial con la Cabeza que es Cristo por quien somos conducidos al Padre. Todo está al servicio de la participación de los fieles.

EN LA LITURGIA DE LA PALABRA

  1. Desde siempre la proclamación de las lecturas (al menos en la misa solemne) y la  predicación) pide que se realicen de cara al pueblo, como parte del diálogo de la salvación.
  2. En las oraciones dirigidas al Padre durante la liturgia de la Palabra (Gloria, Colecta) casi siempre – aunque con excepciones – toda la asamblea junto con el sacerdote se dirigía hacia la cruz del ábside. Hoy esto se ha hecho mucho más difícil, porque se ha generalizado que la sede esté detrás del altar y en el medio. Sin embargo, nada obliga a que sea así. También puede la sede estar a un costado.

EN LA LITURGIA EUCARÍSTICA.

 

                ‘coram populo’ - de cara al pueblo - .

 

  1. Desde los años 70 lo más frecuente ha sido que en la Liturgia Eucarística el sacerdote y los fieles estén cara a cara – enfrentados – incluso en la Plegaria Eucarística.
  2. Se ha argumentado para ello que así se acercan el sacerdote y los fieles y también que parece resaltar el sentido de rodear la mesa del altar.
  3. Nada impide celebrar de esa forma.

‘coram Deo’, ‘ad orientem’, ‘ad absidem’  - de cara a Dios, hacia el oriente- hacia el ábside.

 

  1. La forma común de llamar a esta postura ‘de espalda al pueblo’, no es correcta. Del mismo modo que los fieles no están de espalda los unos a los otros, sino todos hacia el presbiterio, también si el sacerdote reza hacia el ábside, hacia el oriente litúrgico, lo que hace es que toda la asamblea– el pueblo sacerdotal unido al ministro que ora in persona Christi  - estén en una única dirección hacia Cristo y por él al Padre, en la unidad del Espíritu.
  2. Los motivos litúrgicos de esta postura se pueden resumir en:
    1. resalta más la unidad de todo el pueblo de Dios y el carácter ministerial del sacerdocio del obispo y del presbítero. No están uno frente a otro – como en la proclamación de la palabra – sino unidos en una única oración ante el Padre.
    2. subraya el carácter sacrificial de la Misa, particularmente de la Plegaria Eucarística en la que el sacerdote y los fieles con él ofrecen a Cristo, Víctima santa al Padre, para su glorificación y la salvación del mundo.
    3. Durante la Plegaria Eucarística el sacerdote no se dirige a los fieles, sino solamente al Padre. Y los fieles no tienen delante al sacerdote, sino al Padre por Cristo.
    4. Ayuda a educar en la sacralidad propia de la Eucaristía, en la  que se realiza la plenitud de nuestra unión con Cristo, de modo que por Él en un mismo Espíritu tenemos acceso al Padre.
    5. Al no mirar al sacerdote, invita más al silencio y a orar en silencio siguiendo con el oído y el corazón la plegaria eucarística.
    6. Destaca también la realidad escatológica de la Eucaristía, en la que la Iglesia peregrinante no sólo tiende hacia la Jerusalén futura, sino que ya participa del culto de la Iglesia celestial.
    7. Por eso se expresa que la asamblea eucarística no es una reunión cerrada entre los presentes, sino que está abierta hacia el futuro y hacia arriba. Esto lo expresa el ábside de las iglesias.

Surgen algunas preguntas y es bueno saber bien las cosas.

 

  1. ¿el Concilio no prohibió celebrar hacia el ábside y mandó celebrar cara al pueblo?

 

El Concilio en ningún documento se planteó cambiar la orientación de la oración en la Sagrada Liturgia.

De hecho durante el Concilio se celebró como la mayor parte de la tradición orando hacia el oriente, aunque también en algunos altares – como en la basílica vaticana – se celebró hacia oriente cara al pueblo.

Es decir el Concilio no estudió este asunto, ni mandó celebrar cara al pueblo, al contrario mantuvo el uso tradicional.

  1. ¿pero la reforma posconciliar de Pablo VI no mandó celebrar cara al pueblo y prohibió celebrar hacia el ábside, vulgarmente dicho de espaldas?

 

En ningún lugar del misal se habla de que haya que celebrar 'cara al pueblo'. Sí se dice que los nuevos altares se han de construir en el presbiterio de forma que se puedan rodear (cosa que no se cumple en muchos altares nuevos que están puestos sobre el escalón, como un mostrador y no en el medio del presbiterio) y que permitan que se pueda celebrar coram populo.

Más aún, las actuales rúbricas suponen que el sacerdote está dirigido hacia el ábside, porque en el n.29, antes del ‘Orad, hermanos’ está escrito: “luego de pie en el medio del altar, vuelto hacia el pueblo,… dice”. Y en el n.132 antes del ‘Este es el Cordero de Dios: “El sacerdote hace genuflexión, toma la hostia y teniéndola algo elevada sobre la patena…, vuelto hacia el pueblo dice”.

  

  1. Entonces:
    1. Es totalmente legítimo celebrar rezando la Plegaria Eucarístico orientados todos hacia el mismo punto, el ábside, como signo de dirigirnos hacia la Jerusalén celestial y de ofrecer el único sacrificio de Cristo y de la totalidad de la Iglesia al Padre, en un mismo Espíritu.
    2. Hay muchas y buenas razones para preferir este modo de orar.
    3. Es legítimo celebrar rezando el sacerdote la Liturgia Eucarística de frente al pueblo, procurando siempre que las formas expresen que no se dirige al pueblo, sino a Dios Padre, en nombre de Cristo y de su cuerpo (después del ‘el Señor esté con vosotros del diálogo del prefacio, no mira más al pueblo hasta pasada la anáfora y aún hasta ‘la paz del Señor esté…”).
    4. No hay lugar a ninguna guerra de misas, sino a la legítima libertad y a conocer y vivir las riquezas de la Liturgia.

 

* * * *

 

Para quienes quieran profundizar en esto les entrego unas páginas de mi libro Sursum corda, en que he estudiado en profundidad la historia y el sentido de la celebración ad Dominum, ad orientem, ad absidem.

Asimismo el Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, nos da buenas indicaciones en una entrevista en Famille Chrétienne

ACERCA DE LA ORIENTACIÓN DEL PUEBLO CON EL SACERDOTE EN EL REZO DE LA PLEGARIA EUCARÍSTICA.
5) La renovación litúrgica y la participación activa: La pregunta por la orientación en la oración y en el ofrecimiento del sacrificio. 
La Liturgia es oración. La oración está dirigida a alguien: en la Liturgia principalmente al Padre, por Cristo, en el Espíritu; o también al Padre con Cristo y el Espíritu. Oramos a Cristo y al Espíritu. Oramos esperando a Cristo que viene, hacia Él. Oramos uniéndonos a Cristo y por Él entramos a participar de la oración de la Jerusalén del cielo, a la que pertenecemos, la que aguardamos, hacia la cual vamos. Por eso, en especial oramos con los ángeles, porque la Liturgia es la reunión pública del Pueblo de Dios, como asamblea que se une a la asamblea celestial[144]. También, por cierto, oramos a los santos, en particular a la Madre de Dios, que nos acompañan en nuestra oración. Oramos con los santos, porque la reunión eclesial incluye a toda la Iglesia en todas partes, incluida la celestial, o incluyéndose en la celestial.
Si la oración está dirigida a, si tiene una dirección, esto desde el punto de vista litúrgico pide una dirección espacial, una orientación, porque la liturgia no es meramente ideas, sino expresión corporal y espiritual de seres situados espacialmente[145]. Por otra parte, esta necesidad de la oración cristiana responde a una necesidad humana que se manifiesta en todas los cultos. De hecho en el siglo II, la opción cristiana en la orientación de la oración era orar vueltos hacia oriente, hacia el sol naciente[146].
En la época moderna, en los países occidentales, el sentido de la orientación en la oración pareció ir desapareciendo, por múltiples razones, entre las cuales está, por un lado, el exceso de racionalización de todo (véase como ejemplo a Kant, y su religión dentro de los límites de la pura razón), pero también por el otro lado, en el ámbito cristiano, por la pérdida de las raíces  de la Tradición, que fueron dejando sin significado a los significantes. Quitado el significado de una orientación por ignorancia y por inanición, entonces se argumenta que no significa nada y se buscan nuevos significados (a simple modo de ejemplo en lugar de estar dirigido el espacio hacia Dios que está arriba, importa dirigirlo al encuentro entre los hombres).
En general nos atamos al adagio de que “Dios está en todas partes”. Lo cual es por cierto verdadero. Eso hace que la Iglesia pueda celebrar en la gran basílica, en la cárcel y al aire libre, el prisionero en el campo de concentración y el párroco en su iglesia. Esto no significa que todo tenga la misma significación y que no haya referencia a significantes mayores. Sobre todo, en el ámbito litúrgico, es imprescindible tener referencias simbólicas, ergo también espaciales.
Hay que tener en cuenta que, desde la experiencia concreta, corporal, “está en todas partes”, se vuelve igual a la nada: en ningún lugar concreto; de esta forma deja de cualificarse la relación propia de la Iglesia, la comunidad cristiana, con Dios, no nos podemos dirigir hacia ningún punto concreto.
Esto lo he experimentado mil veces en la catequesis de niños, jóvenes y adultos. Antes, a la pregunta ¿Cristo dónde está?, las respuestas solían ser: en el cielo, en la iglesia, en el Santísimo Sacramento. Ahora, a la misma pregunta, las respuestas son: en todas partes, en nosotros. Si luego seguimos con la pregunta ¿por qué está en nosotros?, la respuesta es porque lo sentimos.
 Esta especie de panteísmo o presencia de Cristo difusa, por un lado hace desaparecer la conciencia de la presencia física, real, de Cristo a la derecha del Padre, su presencia propia en la Iglesia y la presencia substancial en la Eucaristía. La presencia se hace meramente subjetiva, producto de que nosotros lo sentimos y lo llevamos en el corazón (hagamos lo que hagamos). Produce una gran desorientación en la oración personal y en la celebración.
Por el contrario, al ser la presencia de Cristo – y por medio de Él la del Padre – una realidad en sí misma, que nos es dada y a la que nos dirigimos, al ser una presencia concreta de la que parten otras formas de presencia, dada nuestra condición corporal, se plantea la pregunta por la dirección hacia esa presencia. Se requiere un modo de significar esa dirección hacia su presencia a la derecha del Padre: un modo ordinario de significarlo, que, por supuesto, no ata a la divinidad, no es un ídolo, pero sí una forma de abrirse a la manifestación del misterio, a la teofanía.
 Por lo mismo,  aún el carácter extraordinario – Cristo está en todas partes, podemos celebrar en todas partes – apunta a un significado ordinario, ordenado: está a la derecha del Padre, nos dirigimos a Él. Por eso,  desde el punto de vista corporal, litúrgico, encarnado, siempre se presentó la pregunta acerca de la orientación de la oración, y principalmente acerca de la orientación de la oración litúrgica.
Con mayor fuerza aparece la pregunta acerca de la orientación, cuando se trata de la Plegaria Eucarística que es una oración que, al mismo tiempo, es una acción: una acción que se dirige a Dios, una acción oblativa, sacrificial. ¿Cómo expresar personal y comunitariamente que le damos algo a Dios? De aquí que en el tema del sacrificio, aparece más fuertemente la pregunta sobre la dirección, la orientación de la oración y de la acción, para un mejor participación de los fieles.
  1. El debate en torno a la orientación de la plegaria eucarística.
Dada la unanimidad de orientación que se ve y que se cree impuesta por una decisión del Concilio Vaticano II, quizás para muchos resulte una sorpresa enterarse de que hay una importante discusión pública acerca de la orientación en la oración cristiana y, señaladamente, en el rezo de la Plegaria Eucarística, Sin embargo,  el debate lleva más de 40 años y se ha planteado con más fuerza y con renovados estudios científicos en los últimos años[147].
Dentro de esta confrontación e investigación tan amplia, lo que en este artículo me interesa particularmente es la pregunta acerca de la orientación del pueblo y el sacerdote durante la Plegaria Eucarística. ¿Cabe una pregunta acerca de la orientación en que se reza? Si la respuesta es positiva, ¿es mejor que el sacerdote esté versus populum o coram populo, o que esté en la misma dirección que el pueblo, orientado hacia el mismo punto, quedando de hecho de espaldas al pueblo? ¿Hay que elegir una sola orientación posible, o dejar una variedad?
Por supuesto, no es ésta una pregunta aislada. Plantea interrogantes históricos lejanos, puesto que la Liturgia de la Iglesia hunde sus raíces en la Tradición católica de Oriente y Occidente y aún más atrás en la oración judía y en influjos culturales paganos. Plantea interrogantes cercanos sobre el Concilio y la legislación posconciliar. A su vez surgen cuestiones teológicas: sobre el sentido de la Plegaria Eucarística y de toda la Misa. La orientación de la oración está unida a la disposición del espacio litúrgico, más concretamente la forma y el lugar del altar, así como a la orientación de las iglesias. No faltan las cuestiones pastorales: cuál ha de ser la participación de los fieles, oportunidad de un cambio, posibles logros o pérdidas. Y, por último, están los afectos, prejuicios, banderías, en las que los mortales nos hallamos inmersos. El tema que parece menor, no es tan pequeño: se vuelve a percibir que en las cuestiones litúrgicas se debaten muchos aspectos del ser, el sentir y el vivir de la Iglesia.
Para comenzar, me parece oportuno, limpiar el escenario, para los cual es necesario anteponer unas breves afirmaciones.
6.1. La situación legal: ausencia de definición absoluta.
1) El Concilio no dijo una palabra sobre el sentido de la oración litúrgica, ni tampoco sobre la construcción de las iglesias, más que: “al edificar los templos, procúrese con diligencia que sean aptos para la celebración de las acciones litúrgicas y para conseguir la participación activa de los fieles” (SC, 124c).
2) La legislación posconciliar nunca mandó que se celebrara de cara al pueblo. Esto puede sorprender a muchos, pero es así. Lo que suele parecer  casi como el signo de la renovación litúrgica (junto con la lengua vulgar), no está mandado en ningún documento posconciliar.
Sí se ordena, en la construcción de las nuevas iglesias, “constrúyase el altar separado de la pared, de modo de que se le pueda rodear fácilmente y la celebración se pueda hacer de cara al pueblo” (IGMR anterior, n.262).
La tercera edición agregó “lo cual  conviene en todas partes en que sea posible” (3ª ed. n.299)[148]. Esta última afirmación, ¿a qué se refiere?, ¿a la celebración de cara al pueblo o al altar separado de la pared? Si fuera lo primero, deberíamos entender: “la celebración se pueda hacer de cada al pueblo, lo cual conviene en todas partes en que sea posible”. Por el contrario el sentido parece ser: “que el altar se ha de construir separado de la pared... lo cual conviene en todas partes en que sea posible”[149].
Por lo tanto, no está mandado celebrar coram populo[150]. El Concilio nada dijo al respecto, aunque en el aula conciliar se celebró coram populo[151]. La ejecución de la reforma se inclinó hacia ello en los hechos, pero no está exigido. Con nuevos estudios y también con la experiencia acumulada, el tema es fuente de un debate sereno, respetuoso, buscando la mejor participación del pueblo en los divinos misterios.
6.2. La búsqueda de la oración ‘coram populo’ o ‘ versus populum’.
Vamos brevemente a ilustrar algunas motivaciones que han conducido a la opción generalizada actual.
La orientación antigua de la plegaria hacia el oriente – que luego describiremos -  en algunos países se mantuvo en la erección de las iglesias con el ábside hacia el este sobre todo para las catedrales, pero no sólo para ellas; en estos casos se seguía dirigiendo la oración hacia oriente[152].
Pero desde la baja Edad Media, en muchas regiones de Europa se fue perdiendo la obligatoriedad de la orientación – hacia oriente –, en especial por la multiplicación de los altares, seguida de la multiplicación de las misas y también la multiplicación de iglesias y oratorios. Quedó sin embargo como un vestigio de la dirección tradicional la obligación ritual de rezar hacia la cruz, olvidándose ya de su origen y sentido[153].
En los tiempos de las búsquedas del movimiento litúrgico del siglo XX, se fue produciendo una insistencia de la Misa celebrada versus populum, para obtener una mayor participación de la asamblea de los fieles. En ello hay que distinguir varios aspectos.
1) En primer lugar el interés que había en que los fieles participaran de la liturgia de la palabra. Ésta se leía en el altar pegado al retablo y en latín. Entonces los presupuestos para la participación eran que los textos se leyeran en lengua vulgar y de frente a la gente, para lo cual era necesario que se diera vuelta el altar y el sacerdote quedara versus populum.
2)  Partiendo de la experiencia del sacerdote que celebraba solo en el fondo del ábside, se quería acercar el sacerdote a los fieles, para significar que había una sola asamblea celebrante. En este sentido se unió el acercamiento físico, el altar desprendido del ábside, con el celebrar versus populum.
3) También se trabajó con la idea de que el pueblo participa de la Liturgia Eucarística cuanto más ve y mira. Entonces había que procurar que los fieles vieran y miraran: miraran las ofrendas, miraran rezar al sacerdote: así entenderían más y participarían mejor[154].
4) Estos pensamientos se reforzaron con interpretaciones del pasado. Ha de recordarse que buena parte del esfuerzo del movimiento litúrgico se forjó en el ideal de alcanzar el rito romano supuestamente más puro. Entonces se interpretó que la oración versus populum, de las basílicas romanas, tenía el sentido moderno de hacerlo frente al pueblo para que participara viendo al oficiante. Entonces el ideal de participación fue que rezara delante del pueblo, ante el pueblo, hacia el pueblo. De aquí se pasó a tener como ideal de arquitectura eclesial las iglesias con el presbiterio como escenario.
5) También estuvo presente en este tema la diferente acentuación del sentido de la Eucaristía y una cierta oposición entre comida y sacrificio, entre mesa y altar. Según esto también surgía una opuesta concepción de la sinaxis: frente a la idea – que se consideraba tardía – de una comunidad reunida para ofrecer la oblación, se quería insistir en una comunidad reunida para una comida en común. De acuerdo con esta contraposición, también la participación activa de la asamblea se ponía en rodear el altar, como si idealmente todos comieran de la misma mesa
6) Según la imagen ideal de la postura de comunidad convivial, con los datos frecuentemente impropios que se poseían, en muchos ámbitos se pugnó por la celebración versus populum  como forma de un acercamiento anímico del sacerdote y del pueblo, dentro del movimiento de estar involucrados afectivamente unos con otros. También dieron mucho impulso a la teoría para la misa cara al pueblo experiencias de ensayos modernos, entre los que hay que destacar el influjo del movimiento litúrgico de estudiantes en el que participó Romano Guardini[155].
7) Está claro que, en la raíz, estaba la pérdida de la tradición antigua, desconocida o ya no entendida. “Se debe admitir, sin dudas, que, al menos desde el siglo XIX, había desaparecido no sólo el sentido de la orientación cósmica de la liturgia, sino que era apenas comprendido el contenido de la imagen de la cruz como punto de referencia de la liturgia cristiana. La antigua orientación de la celebración se había vuelto tan inexpresiva que se podía entonces formular la expresión de que el sacerdote celebraba ‘a la pared’ o aún la idea de que celebraba ‘al tabernáculo’. La triunfal victoria de la nueva orientación es explicable sólo con el trasfondo de este malentendido, que sin ninguna orden taxativa (o quizás por esto mismo) se ha impuesto con una unanimidad y un empeño que no serían ni siquiera pensables sin la pérdida del sentido de la praxis seguida hasta ahora”[156].
 Si a esto se le agrega la suposición de que ésta es la gran opción conciliar y que apuntar a alguna duda en la orientación de la Plegaria Eucarística es volverse anticonciliar, cuando no cismático, el ambiente queda poco claro para cualquier modificación[157].
6.3. Las objeciones frente a la misa ‘versus populum’.
Ante estos argumentos han surgido respuestas y contraposiciones, que es bueno escuchar, para entender las razones de ambas posturas.
Con respecto al primer punto – las lecturas de cara al pueblo – el cambio de situación provino de que se modificó totalmente el espacio de la celebración con la reincorporación del ambón para la proclamación de la palabra y de la sede[158].  No se necesita entonces por este motivo el altar versus populum, porque la Liturgia de la palabra no se lleva a cabo desde él. Pero, como los cambios fueron tan rápidos, si bien cayó esta motivación para reclamar el altar versus populum, quedó parte del impulso como un postulado del movimiento litúrgico[159].
Sin embargo, ya en medio de los cambios, el Cardenal Lercaro, presidente del Consilium para la ejecución de la constitución Sacrosanctum Concilium, ante los que querían defender los altares anteriores, precisó que “para una liturgia verdadera y participada, no es indispensable que el altar este vuelto versus populum: en la Misa, toda la Liturgia de la Palabra es celebrada desde la sede, desde el ambón o el  atril, luego, vueltos hacia la asamblea; en lo referente a la Liturgia eucarística, el sistema de altoparlantes hacen la participación bastante posible”[160].
Con referencia al ideal de que el pueblo esté de frente mirando las ofrendas y al sacerdote que ora, se presentaron muchas dudas y objeciones. No parece conveniente, porque la participación activa del pueblo no es que mire rezar al sacerdote, sino que esté unido con él en la oración y en la acción de ofrecer. Para esto, ¿ayuda más mirarle la cara o estar en la misma posición orante? Porque la participación activa es Sursum corda, ¡los corazones hacia arriba! ¡los corazones en lo alto!, es decir en el cielo. Y la acción común no es mirarse unos a otros, sino dirigirse hacia Dios.
Hay que tener en cuenta que cuando se postuló el ideal de la misa versus populum no había experiencia masiva de esta forma de celebrar, sino excepciones en lugares pequeños. La experiencia de décadas permite ahora al menos una evaluación. Así hay muchos que ven en esta forma de celebrar un nuevo excesivo protagonismo del presidente de la asamblea: siempre mirado, siempre actuando, y de alguna forma buscando ser aceptado. En lugar de una humilde y necesaria presidencia ministerial aparece la necesidad de ser el actor principal. Parece un nuevo clericalismo actoral[161].
Yo he tenido muchas ocasiones de tratar con sacerdotes jóvenes que me han preguntado para dónde mirar durante la Plegaria Eucarística, porque teniendo al pueblo delante, saben que rezan al Padre, por lo tanto no mirando a los fieles, sino para otro lado, pero a su vez no saben para dónde. También he visto con tristeza sacerdotes, jóvenes y con años, que hacen de la Prex una esquizofrenia de direcciones: las palabras van dirigidas al Padre, y mientras tanto ellos tratan de encontrar las miradas de los fieles. Más aún, en la misma narración de la cena – que se está narrando al Padre, porque se presenta ante la memoria de Él, para que acepte la ofrenda de Cristo – hay sacerdotes que miran a los fieles y van mostrándole las ofrendas como si se las entregaran a ellos. Concelebré  una vez con un sacerdote joven que se pasó toda la misa dirigiéndose a los muchachos y las chicas, incluso la anáfora (en la que, por otra parte, los jóvenes seguían sentados); el sacerdote terminó agotado, pero después se iba a un monasterio para allí sí celebrar los misterios: me hablaba con una alegría añorada de una celebración monástica, cuando él acababa de presidir la eucaristía, en la cual no percibía que había participado de los misterios divinos. ¡Una verdadera división interior, espiritual, litúrgica y pastoral! Pero él no sabía lo que le pasaba: creía que para atraer a los jóvenes tenía que desdoblar la liturgia ante ellos, que él debía buscar cautivarlos, hablarles todo el tiempo; para sí mismo, necesitaba ir hacia Dios, en una liturgia sacra y mistérica. Podrían presentarse otros ejemplos. No se dicen para probar una tesis, sino para ver que hay verdaderas dificultades y las preguntas no salen de la nada.
Con respecto al cuarto punto, el por qué en las basílicas romanas se celebraba versus populum, veremos en seguida que esto proviene de la opción tradicional de orar ad orientem. En este caso versus populum  es sólo descriptivo de que, dada la disposición del templo, cuando el celebrante ora hacia oriente tiene al pueblo delante de sí. Nada hay en ello del supuesto de ideal de celebrar ante el pueblo, para que se vean las caras[162].
El fondo de la debate sobre la orientación está centrado en el sentido de la Eucaristía. Nadie duda de que es banquete y de que es sacrificio. Los que platean el tema de la dirección hacia oriente o hacia el ábside, todos juntos, opinan que con la forma versus populum quedó obscurecida, el sentido de la oración y la dimensión sacrificial[163]. Los que pregonan el versus populum quieren acentuar que la forma es una comida[164].
6.4.  La orientación hacia oriente.
Muchos estudiosos han presentado la orientación de la oración desde los orígenes de la Iglesia. Aparece con sorprendente universalidad la oración hacia oriente[165]. Todas las Iglesias Orientales la mantienen hasta hoy de tal forma, que el mismo edificio de la iglesia está orientado, con el ábside hacia el este. En este caso, la orientación común hacia oriente hace que, de facto, el sacerdote quede de espaldas al pueblo.
En la antigüedad, parece generalizada la oración hacia el oriente, aún en las iglesias con otra orientación. En las iglesias africanas con el altar en el medio de la nave[166], para la Plegaria Eucarística no rodeaban el altar mirándolo, sino que todos se dirigían hacia el este. Entre los textos más citados está el famoso final de muchos sermones de S. Agustín, Conversi ad Dominum..., que debería traducirse vueltos a oriente hacia el Señor, lo cual deja entrever que, concluida la predicación todos se volvían a oriente para rezar[167].
Esta orientación de la oración hacia oriente tienen un marcado sentido escatológico: oramos “mientras aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo (Tit.2,13)”. Al mismo tiempo, se manifiesta la unión de liturgia de la Iglesia con la Liturgia celestial. Esta orientación es expresión de que por Cristo, que ha entrado en el santuario celeste, oramos al Padre. La oración hacia el oriente fue también parte de la separación de la Iglesia de la Sinagoga, que continuaba orando hacia Jerusalén.
Los textos repetidos para explicitar el fundamento de este sentido son varios; recordemos algunos: “el Sol (Oriente) que nace de lo alto” (Lc.1,78); los relatos de la Ascensión, puesto que Jesús los sacó hasta cerca de Betania, que está al este de Jerusalén (Lc. 24,50) y así fue llevado al cielo; y Él vendrá tal como lo habéis visto subir al cielo (Hech.1,11); “porque como el relámpago sale por  oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del hombre… entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre[168]... y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad” (Mt.24, 27.30).
   Sigamos el resumen histórico de Jungmann.
 “era normal para los cristianos volverse hacia el este durante la oración. Lo hacían para sus oraciones privadas, en su casa o en cualquier lugar, Sabemos incluso, por ejemplos que remontan al siglo II, que había casas cristianas donde la pieza destinada a la oración estaba especialmente marcada por una cruz pintada sobre el muro este[169] . La orientación era entonces más estrictamente observada durante las oraciones hechas en la iglesia. El clero, especialmente el sacerdote en el altar y todo el pueblo, rezaban de pie, los ojos vueltos hacia oriente. Es en relación con esta idea que la iglesia misma estaba orientada”[170]. “Fue norma general en la antigüedad que los fieles durante la oración del obispo o sacerdote imitasen la actitud de éste en todos los detalles con las manos levantadas y la mirada puesta hacia oriente”[171].
Ya hemos recordado que se ha traído como excepción, que fundamentaría otra tradición contraria, el hecho de las basílicas romanas que tenían – y tienen – la fachada hacia el este y el ábside hacia occidente, en las cuales el papa oraba versus populum.  Se ha explicado que se hacía así para que el pueblo participara mirando el altar. Ha sido una confusión de los hechos y del sentido. En realidad en esas basílicas el papa rezaba mirando a oriente – como en todas partes - , y como la puerta estaba al este, al rezar hacia oriente tenía el altar delante y el pueblo delante.  Lo que manda es el ad orientem, que, dada la construcción del edificio, tiene como consecuencia el versus populum. ¿Qué hacía el pueblo? Unos dicen que quedaba mirando el altar, para no darle la espalda. Otros creen que – como el pueblo estaba en las naves laterales y no en la central –, también, sin darle la espalda al altar, se volvía a oriente, de forma que la asamblea con el celebrante y los ministros en el altar formaba una especie de U[172].
Nada tiene que ver, entonces, el versus populum de las antiguas basílicas romanas, con nuestra idea de que debe celebrarse ante el pueblo, para que vea y así participe más.
Por eso, vale la observación de Jungmann:
“A propósito de la insistencia actual sobre esta posición del altar como factor de una unión más grande entre el celebrante y la asamblea, puede ser bueno hacer ver netamente que ese precedente histórico en favor de la orientación del altar está fuertemente exagerado. Los diversos ritos orientales no han favorecido jamás la celebración de la liturgia en esta posición. Esto merece ser notado, porque esos ritos han, generalmente, conservado las prácticas primitivas tradicionales de la Iglesia con mucha fidelidad, y han mantenido hasta hoy una participación muy activa y muy estrecha de los fieles. El principal motivo en favor de esta manera de colocar el altar hay que buscarla, como lo hemos indicado, en la regla general de la orientación  para la oración. En el ábside de la iglesia vuelta hacia el oeste, como era generalmente la situación en Roma, el sacerdote estaba obligado a dar la espalda al ábside y a mirar al pueblo. Y se puede señalar de paso que el pueblo también volvía la espalda al sacerdote mientras estaba así para rezar... ... Fue sin duda este inconveniente que condujo en fin de cuentas a modificar el plan de construcción de las iglesias. Desde el siglo IV, ciertas iglesias fueron construidas con el ábside hacia el este, lo que se volvió después la regla general. Desde entonces el sacerdote está de pie al altar, generalmente de piedra, como el guía de su pueblo, y el pueblo lo mira y mira al altar al mismo tiempo, y con el sacerdote tiene el rostro hacia oriente. Entonces, toda la asamblea constituye como una vasta procesión conducida por el sacerdote, y marcha hacia el sol, hacia Cristo el Señor”[173].
Podemos resumir la cuestión – sin entrar ahora en matices – diciendo que en toda la antigüedad y toda la edad media[174] se oró, casi sin excepciones, hacia oriente y, particularmente, la oblatio se dijo mirando todos al oriente, sea donde estuviera puesto el ábside y la puerta. Que después del siglo V en todas partes se fue unificando el orientar las iglesias hacia oriente para así estar todos dirigidos hacia allí al ofrecer la Misa[175]. Esto mismo fue desarrollando el carácter del ábside: desde la cruz que señalaba el oriente, como signo escatológico de Cristo glorioso[176], pasando a la cruz gloriosa y gemada, siguiendo con el Cordero y luego el Pantocrátor. Ese proyecto iconográfico del ábside, formaba parte del sentido de la reunión eucarística y de su punto culminante en la Plegaria Eucarística, sacrificial, en la que se esperaba que la ofrenda llegara al altar del cielo, mientras se aguardaba la parusía del Juez  y Rey eterno.
Con estos antecedentes, en la década del 60, mientras se iba a la aplicación casi generalizada de la celebración cara al pueblo,  fue discutida la imposición de facto de la oración coram populo como la mejor forma de expresar el ordenamiento de la forma cristiana de orar. Por eso, al comienzo de las reformas litúrgicas, por razones históricas y, sobre todo, litúrgicas, grandes liturgistas como Jungmann, Bouyer, Gamper se opusieron a la celebración versus populum, en el sentido de cambiar la orientación común, y estar enfrentados el sacerdote hacia el pueblo y éste hacia aquél.
 
6.5. La distinción entre “ad orientem” y “ad Dominum”.
La insistencia en el valor de la orientación hacia oriente en la oración, y su confrontación con la praxis general de la misa versus populum, llevó a que apareciera en 1993 un rico editorial de Notitiae titulado “Pregare «ad orientem versus»”, en el que se asumen muchos puntos de la investigación y se toman ciertas posiciones[177].
1) Comienza afirmando la vinculación de la celebración eucarística con la dimensión escatológica de la fe cristiana, lo que hace que en la Eucaristía haya una lógica de la Ascensión: “este Jesús al que habéis visto subir al cielo, volverá...”. En la Eucaristía el Señor vuelve transformando la realidad de los elementos, vueltos signos de su presencia. Así la Iglesia penetra la esfera celeste, lo que se expresa en el Sanctus de la Misa Romana y en el Cherubicon oriental.
2) La importancia del Sursum corda. Si ‘el Señor esté con vosotros’ y el ‘Demos gracias ...’ son comunes con la berakha judía, sólo la oración cristiana intercala el Sursum corda. Habemus ad Dominum. “La Iglesia celebra la Eucaristía necesariamente orientada hacia el Señor, en comunión con él y mediante él se dirige al Padre en la unidad del Espíritu Santo”[178].
3) La colocación del sacerdote y de los fieles en relación con la “mística mesa” ha tenido históricamente varias formas. Tratándose de liturgia la simbología es muy importante, pero no parecería que pueda hablarse de una elección como parte integral de la fe.
4) “La disposición del altar de modo que el celebrante y los fieles miren a oriente – de gran tradición aunque no unánime – es una espléndida aplicación del carácter ‘parusíaco’ de la Eucaristía”.
5)   Luego se muestra cómo esta forma no ha sido universal y se pregunta si no será arqueologizante pretender que la disposición del altar hacia Oriente sea la clave de una correcta celebración litúrgica. Asimismo recuerda que el celebrar hacia el pueblo no es un punto basilar de la reforma (stantis vel cadentis liturgiae). De esta forma se trata de suavizar las posturas del debate.
6) El editorial hace una defensa de la celebración versus populum. Trae a colación el ejemplo de las basílicas romanas. Sostiene que la teología del sacerdocio común y del sacerdocio ministerial distintos ‘essentia non gradu’ se expresa mejor con la disposición del altar versus populum, aunque no queda claro  por qué. Explica la posición referida en base a la expresión de que el sacerdocio ministerial está ante la asamblea como Cristo es cabeza de la Iglesia y, por lo tanto, está ante, de frente (gegenüber) a la Iglesia[179]. Reitera el tema de que la forma simbólica de la Eucaristía es un convite.
7) Con respecto a las iglesias con altares antiguos y preciados, recuerda que “es más fiel al sentido litúrgico, en estos casos, celebrar en el altar existente de espalda al pueblo, que mantener dos altares en el mismo presbiterio. El principio de la unicidad del altar es teológicamente más importante, que la praxis de celebrar vueltos hacia el pueblo”[180].
8) “Conviene explicar claramente que la expresión ‘celebrar vueltos al pueblo’ no tiene un sentido teológico, sino solo topográfico-posicional. Toda celebración de la Eucaristía es ‘ad laudem et gloriam nominis Dei, ad utilitatem quoque nostram, totiusque Ecclesiae suae sanctae’. Teológicamente por lo tanto la Misa está siempre dirigida a Dios y dirigida al pueblo. En la forma de celebración es necesario estar atentos a no confundir teología y topografía, sobre todo cuando el sacerdote está en el altar. Sólo en los diálogos desde el altar el sacerdote habla al pueblo. Todo el resto es plegaria al Padre mediante Cristo, en el Espíritu Santo. Esta teología debe poder ser visible”[181].
En un resumen máximo aparecería lo siguiente. La celebración – y particularmente la Plegaria Eucarística – es coram Deo. La realidad teológica es que están todos – sacerdote y asamblea –  hacia el Padre por Cristo en el Espíritu. Esto debe poder ser visible, es decir manifestarse en alguna forma encarnada – litúrgica –. No es posible ni conveniente poner como condición para manifestar esta teología, el obligar a orar hacia Oriente, si bien esta tradición sea muy rica y manifieste muchas cosas.
Por otra parte, el editorial, para mí con poca coherencia con lo anterior, defiende la opción versus populum, sin rechazar la opción todos hacia el mismo lado – preferentemente el ábside –  y dejando sin profundizar muchas preguntas[182].
Entre idas y venidas, la discusión llevó a valorar el problema de la orientación de la oración cristiana y a señalar por un lado el sentido y por el otro la solución litúrgica. Se fue subrayando la necesidad de mostrar que la Plegaria Eucarística se hace hacia Dios, vueltos hacia Él – no dirigida al pueblo – y a distinguir posibles soluciones que manifiesten este sentido. Entre estas soluciones aparece la dirección ad orientem por su valor tradicional, escatológico y cósmico, pero no es necesariamente la única solución. Lo que más importa es que se viva que el sacrificio eucarístico se realiza versus Deum per Iesum Christum.
Es lo que parece entenderse en la respuesta del Cardenal Jorge Medina Estévez de 2000[183]. La pregunta se refiere al n.299 de la IGMR: si lo allí expuesto constituye una norma que excluye la posición del sacerdote versus absidem. La respuesta es negative, es decir, no está excluida esa posición.
Luego sigue una explicación. En primer lugar se limita el alcance jurídico del n.299[184] y la valoración de una multiplicidad de razones[185]. Con respecto a la orientación versus populum, se limita mucho su fundamento; se dice que en muchos casos ‘parece’ más conveniente porque hace más fácil la comunicación, pero sin excluir otras posibilidades. Y ahí llegamos a las afirmaciones doctrinales principales:
“Sin embargo, cualquiera que sea la posición del sacerdote celebrante, es claro que el Sacrificio Eucarístico es ofrecido al Dios uno y trino, y que el sacerdote principal, Sumo y eterno, es Jesucristo, que obra a través del ministerio del sacerdote que preside visiblemente como instrumento suyo. La asamblea litúrgica participa de la celebración en virtud del sacerdocio común de los fieles, que necesita el ministerio del sacerdote ordenado para ser puesto en ejercicio en la Sinaxis Eucarística. Se debe distinguir la posición física, referida especialmente a la comunicación entre los varios miembros de la asamblea, y  la orientación espiritual e interior de todos. Sería un grave error imaginar que la orientación principal de la acción sacrificial sea la comunidad. Si el sacerdote celebra versus populum, lo que es legítimo y a menudo aconsejable, su disposición espiritual debe ser siempre  versus Deum per Iesum Christum, como representante de toda la Iglesia. También la Iglesia, que toma forma concreta en la asamblea que participa, está toda ella orientada versus Deum como primer movimiento espiritual”.
En la respuesta de Medina Estévez la posición física (parece referirse a versus populum) es defendida como signo de la comunicación entre los miembros de la asamblea, mientras la orientación espiritual, común al sacerdote y a la comunidad reunida, a todos, es versus Deum per Iesum Christum.
Supuesto lo anterior, se repropone la pregunta: ¿de qué forma hacer más visible ese hacia Dios por Cristo? O planteado de otra forma: en la Plegaria Eucarística, en la que lo que importa no es la comunicación entre los miembros de la asamblea, sino la común orientación hacia el Padre por Cristo, ¿cuál es la mejor forma litúrgica para manifestar también exteriormente (de eso también se trata en Liturgia), ese sentido de la anáfora?
 
6.6. Nuevos aportes al debate.
La última presentación que ha resumido toda la investigación hasta hoy es el libro de Uwe Michael Lang[186],  con un prefacio de Joseph Ratzinger[187]. El Cardenal recordando brevemente los autores modernos que han bregado por una revisión de la celebración coram populo (recuerda a Jungmann, Bouyer, Gamber), exhorta a que se pueda llevar adelante un debate distendido, para buscar la mejor manera de poner en práctica el misterio de la salvación. “Tal indagación debe ser llevada a cabo sin condenaciones recíprocas, sino escuchándose unos a otros y, factor aún más importante, escuchando la guía íntima de la misma liturgia. No se llega a ningún resultado etiquetando las posiciones como ‘preconciliares’, ‘reaccionarias’, ‘conservadoras’ o como ‘progresistas’ y ‘extrañas a la fe’; aprovecha una nueva apertura recíproca en la búsqueda de la mejor realización del memorial de Cristo”[188].
El tema ha sido recientemente tratado en el Monasterio di Bose en el “IV Convegno Liturgico Internazionale: Lo spazio liturgico e il suo orientamento”[189]. En el discurso de apertura, el prior Enzo Bianchi situó el debate. Se trataba del espacio litúrgico mirado en forma multidisciplinar, señalando su importancia[190]. Tal estudio implicaba el asunto que estamos tratando: “nuestra reflexión sobre el espacio litúrgico entrará también en la importancia de uno de los temas ciertamente más complejos y hoy más debatidos: la orientación de la plegaria cristiana”[191].
El mismo Bianchi planteó la situación a la que se ha llegado y que no tiene retorno:
a) siendo muy rico el sentido de la dirección hacia oriente, no puede reclamarse como una condición necesaria para una liturgia fiel a la tradición. De todas formas. Es imprescindible encontrar la manera de manifestar la dirección escatológica.
b) Se trata la posición de Bouyer, si no se puede mantener la forma material de la tradición, sí lo que pueda significarla: “El hecho de que la celebración eucarística tenga una orientación escatológica... debe ciertamente ser resaltada, de una manera u otra, en todas partes”[192].
c) Se aporta la postura de Lang que apunta a recuperar la orientación común del sacerdote y de la asamblea en la plegaria eucarística[193].
d) Luego plantea la problemática de una propuesta concreta. Frente a aquellas afirmaciones, aparece la comprobación fáctica. Es innegable que la orientación entendida como dimensión escatológica de la celebración eucarística, del Pueblo de Dios camino hacia el Reino, hoy falta. La asamblea aparece desorientada. “La orientación litúrgica que es el volverse la asamblea para orar hacia una única dirección permanece, pues, como un elemento que espera ser recuperado en todo su valor” (p.10).
e) Muchos señalan exagerado y cansador el continuo cara a cara del sacerdote y la asamblea en toda la celebración. Para superarlo hay distintos aspectos a tener en cuenta en el espacio y en la celebración, como que la sede no tiene que estar necesariamente en el ábside, puede estar al costado; nada impide que el sacerdote para el acto penitencial, la colecta, la profesión de fe, la oración de los fieles, la poscomunión esté en la misma orientación que los fieles.
f) Con respecto a la posición en la Plegaria Eucarística, se subrayan los dos aspectos el convival y el sacrificial. El primero queda más manifiesto en la celebración versus populum, el segundo en todos unidos hacia la misma dirección. En este sentido las dos direcciones son legítimas. Y así quedó abierto el debate.
 Ese en este sentido, si bien con frecuencia no puede recrearse la orientación tradicional y cósmica, muchos propician el vivir la orientación dentro del espacio de la iglesia, es decir, orar todos vueltos hacia el ábside. Otros propician que la cruz en el altar, o sobre él, sea el punto de convergencia de fieles y celebrante en la plegaria eucarística.
6.7. La participación activa de los fieles y la orientación de la plegaria eucarística.
En las realidades litúrgicas hay que aceptar que la cuestión de la orientación de la oración es una pregunta pertinente. El cuerpo también ora, la forma de reunión de la comunidad y su orientación tiene sentido.
Por distintos motivos puede haber diversas orientaciones, en diversas oraciones. Así es habitual rezar la oración de la Liturgia de las Horas, con dos coros frente a frente, que en el fondo quiere ser un solo coro. Facilita el oírse, la forma antifonal,  y además tiene un sentido de círculo. Cuando se ora en el presbiterio, el coro – doble – puede estar más adelante que el altar o rodear el altar por tres lados y un cuarto la nave de los fieles.
En el misal anterior, el obispo en la cátedra lateral oraba de costado de los fieles. Eso también se puede hacer hoy en día. A mí me ha tocado hacerlo en alguna iglesia chica, con sede al costado frente al altar y me resultaba muy cómodo: me volvía a los fieles para saludarlos y, con ellos, estaba hacia el altar para la oración colecta.
También, por cierto, y es lo que comúnmente hacemos, oramos a Dios frente a los fieles, de alguna manera formando un círculo, en torno a una mesa si estamos en una sala, y en la misa en torno al altar, del que suben las oraciones a Dios.
También es común el orar todos en una misma dirección, aunque se den unos la espalda a los otros. En primer lugar es lo que le sucede a las asambleas normales de los fieles: oran en  la misma dirección, y se dan la espalda unos a otros con toda naturalidad.
Lo mismo sucede las veces en que el presidente y los ministros están dirigidos hacia la misma dirección que los fieles (y fácticamente les dan la espalda), como cuando se ora ante una imagen, todos se vuelven hacia ella, incluido el sacerdote; asimismo es común arrodillarse el sacerdote ante el Santísimo Sacramento de la misma parte que los fieles, teniéndolos a sus espaldas. Incluso se puede notar que, en las ordenaciones, durante las letanías todos se vuelvan hacia el ábside, incluso dando la espalda a los que están postrados.
En este contexto amplio, se puede preguntar  si rezar la Plegaria Eucarística todos en la misma dirección, (sea “ad orientem”, sea “ad absidem”), ayuda a la participación activa de los fieles.
Digo expresamente “todos en la misma dirección”, por dos motivos fundamentales. El primero porque no se trata de que el sacerdote “dé la espalda al pueblo”, sino de dirigirse el sacerdote, como la cabeza del pueblo sacerdotal por Cristo al Padre.
En segundo lugar, no se trata sólo de la orientación del sacerdote. Cualquier forma de orientación atañe al sacerdote y atañe al pueblo. En la forma versus populum la orientación física (digo física, porque la Plegaria siempre se reza al Padre), del sacerdote es ante el pueblo; pero la orientación física del pueblo es ante el sacerdote: están uno frente al otro, con la dificultad de que ni el sacerdote ha de mirar a los fieles, ni los fieles al sacerdote. Por eso hay quien objete hasta el nombre de celebración versus populum, porque supone que el que celebra es el sacerdote y los demás miran[194].
En la forma ad absidem (para atenerme nuevamente a la orientación física), la orientación física del sacerdote es hacia el ábside y también la del pueblo debe ser ad absidem, no a la espalda del sacerdote, para expresar lo más propio de la orientación cristiana: hacia Dios, levantemos el corazón –lo tenemos levantado hacia el Señor. Están todos en la misma dirección, se encuentran en el punto final.
Los que propugnamos que es bueno que el sacerdote dirija la Plegaria Eucarística en la misma dirección junto con los fieles, queremos subrayar que la oración y las acciones de la Prex van dirigidas al Padre[195].
Es claro que todas las oraciones de la Misa van dirigidas al Padre, por Cristo, en el Espíritu. Por eso, prácticamente en toda la oración cristiana antigua, y actualmente en las Iglesias Orientales, se reza orientados todos hacia el oriente. Por eso, muchos recordando esta gran fuente tradicional, reclaman que toda oración presidencial sea hecha hacia oriente. No cabe duda de que los asiste un gran peso de valoración tradicional y del sentido cósmico y escatológico de la celebración cristiana. Y que es bueno que conozcamos y aprendamos de ese fuerte sentido de la tradición. No creemos que les falten razones, pero también hay que partir del hecho de la situación en que estamos, en la que en primer lugar la inmensa mayoría de nuestras iglesias actuales no están edificadas ad orientem.  No estaría mal, que cuando edifiquemos iglesias, también tengamos en cuenta este aspecto, que nos permitiría desarrollar aspectos de la dimensión bíblica, litúrgica y escatológica de la oración cristiana.
Sin embargo, es conveniente distinguir la cuestión ad orientem de la oración dirigida en común hacia un mismo punto, significativo de orar ad Dominum. No cabe duda de que en la vida de nuestras ciudades, que no dependen igualmente que antes de los movimientos del sol, ni para tener luz, ni para orientarse, la mayoría ni sabe dónde está el oriente. Sin embargo, sigue siendo importante expresar litúrgicamente la orientación de la oración y la ofrenda, con alguna forma de orientación simbólica[196].
Al mismo tiempo, para atenernos a la situación presente de nuestras iglesias, los que piden la orientación común del sacerdote y fieles hacia el mismo punto, ad absidem – aunque no sea ad orientem – refuerzan algunas dimensiones propias de la Plegaria Eucarística.
En primer lugar hay que tener en cuenta que ésta Prex es una oración que, dicho impropiamente, no es simplemente oración, es acción. Se trata del Canon actionis, como se le ha llamado entre otras formas tradicionales[197]. Es una acción de la Iglesia, por boca y manos del sacerdote ante el Padre. Por eso, la participación del pueblo en la acción nunca se entendió como mirar al sacerdote rezar o hacer la acción, sino seguir con él la plegaria y la acción[198].
Si damos un paso más, la actio de esta plegaria es la ofrenda sacrificial, de acción de gracias y alabanza, de memoria y oblación, de intercesión y súplica por los pecados del mundo entero, de comunión en la Iglesia en el seno de la Trinidad. Esta acción que es oración sacrificial, se manifiesta en los términos anáfora (que predominó en Oriente), oratio oblationis, actio sacrificii. De forma que la Eucaristía, es una Prex, oratio, en que se ofrece, se sacrifica[199].
Ahora bien, en todas las tradiciones los sacrificios, con su oración oblativa, no se dicen ante los que participan, sino ante Dios, todos orientados hacia Él. Es, pues, principalmente este carácter sacrificial, oblativo del canon actionis el que para muchos se expresa mucho mejor si todos están orientados hacia la misma dirección. Normalmente en nuestras iglesias esa dirección ha de ser hacia el ábside.
Al mismo tiempo por su índole escatológica la acción eucarística expresada en la Plegaria, se realiza en la espera de Cristo que viene. Pero también es ya una acción que une a la liturgia celestial, que eleva, que nos trasporta a la presencia de la majestad divina, rodeados de los coros angélicos. Entonces también la orientación debe significar que no se trata del encuentro del sacerdote fulano con los fieles mengano y zutano, sino de todo el pueblo, presidido por el sacerdote que va al encuentro de Cristo, en un mismo Espíritu, ante el Padre, rodeado por millares de ángeles que lo sirven. También entonces la dirección común y ascensional expresa mejor estas dimensiones.
Para que se comprenda que esta posible opción no es simplemente volver atrás, se debe señalar los distintos acentos de las dos grandes partes de la única celebración eucarística.
En la liturgia de la Palabra, es lo normal que el sacerdote esté de frente al pueblo, al que se le anuncia la palabra: se trata del diálogo de Dios con su Pueblo (lo cual no quita que haya oración a Dios).  En esta parte de la Misa, manteniendo la centralidad del altar, los ejes son la sede y el ambón[200].
En la Liturgia Eucarística hay dos momentos: a) en el primero de carácter marcadamente eucarístico y oblativo todo el pueblo con el sacerdote se vuelve hacia Dios; b) en el segundoional expresa mejor estas dimensiones.o Espacerdote fulano con los fieles mengano y zultano, sino de todo el pueblo, ses se entrega de la víctima sacrificial para ser comida: ésta se da al pueblo que viene en procesión.
Según esto, en la Liturgia de la Palabra, ha de predominar la orientación del sacerdote ante la comunidad, en el diálogo de la  Palabra. En la Liturgia Eucarística, particularmente en el Canon actionis, ha de predominar la orientación común por Cristo al Padre[201]. En la comunión ha de predominar el encuentro de Cristo y sus miembros[202].
Ahora bien, ¿cuál es la forma que logra la mayor participación activa en la Misa, según el deseo del Concilio, a fin de que se logre la finalidad de la liturgia, que es el fin último de la Iglesia, es decir, “la santificación de los hombres en Cristo y la glorificación de Dios”?(SC, 10).
Para eso se requieren disposiciones interiores: recta intención, que la mente se acomode a la voz – es decir, seguir la liturgia –, (SC, 11a) –, colaborar con la gracia de Dios. Según esto nos preguntamos, en la Plegaria Eucarística, ¿qué forma puede ayudar más a que la mente se acomode a la voz, el cuerpo a la acción de estar ante el Padre por Cristo en el Espíritu, para alabar y dar gracias, para ofrecer y ofrecerse, para suplicar y adorar?
En Sacrosanctum Concilium 48 son retomados los principios generales de los n.10 y 11, con respecto a la participación activa en la Liturgia, y aplicados a la Misa.
La Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que, comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen consciente, piadosa y activamente en la acción sagrada, sean instruidos por la palabra, se fortalezcan en la mesa del Señor, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la víctima inmaculada, no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él; se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos (SC, 48).
He subrayado del pasaje aquella parte de la acción sagrada que más directamente atañe a la participación en la Plegaria Eucarística: dar gracias, ofrecer la víctima y ofrecerse a sí mismos, por manos del sacerdote y juntamente con él. Los fieles podrán participar activamente de esta acción sagrada, uniéndose en su forma a la Plegaria Eucarística, que es dicha por el sacerdote. Con el corazón en el Señor (sursum corda), dejando que oren en ellos las palabras del canon actionis, y acomodando el corazón a ellas, para rubricar todo con su Amén. Para ello, pues, me parece mejor que, en lugar de estar mirando al sacerdote rezar, estén orientados con él en la misma dirección. En lugar de mirar rezar delante de él, estén unidos detrás de él, que es su cabeza, presentando al Padre la víctima viva y santa y uniéndose a ella, hasta llegar a ser ofrenda agradable a Dios.
Esta propuesta no debe ser una imposición. Dado que la tendencia posconciliar se ha inclinado por la celebración versus populum, pero no prohíbe la oración juntos orientados ad Deum, quizás sea bueno dejar un tiempo de tranquila libertad. No ha de hacerse enloqueciendo al pueblo de Dios, ni provocando contiendas duras, sino mostrando las diferentes formas, con tranquilidad, ayudando a ver las razones complementarias. Esta preocupación por no provocar nueva inquietud en la Iglesia, con la introducción de nuevos cambios, la ha manifestado el Cardenal Joseph Ratzinger, por lo cual ha exhortado a un nuevo movimiento litúrgico, de convicción, piedad, sin combates[203].
Según las ideas de los especialistas de los años 50 y 60, llegamos a tener cuatro plegarias eucarísticas[204]. Después, según las motivaciones de momento,  se agregó el canon suizo y las diferentes plegarias para niños y para la reconciliación. ¿Por qué aparece tan tremendo que unas veces se ore de uno u otro lado del altar? ¿No se podrá hacer esto con buenas explicaciones, sin gran oposición y dejando gustar las riquezas del celebrar?
Es pobre decir que lo que cuenta es la actitud interior, cuando se trata de gestos litúrgicos, más aún para rechazar un signo y una postura que viene desde el principio o muy cerca de él.
Pero, sobre todo, importa tener todos la meta de ayudar al Pueblo de Dios a que viva su suprema dignidad sacerdotal en estar por Cristo ante el Padre en un mismo Espíritu, ofreciendo el culto perfecto, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

[144] Creo sumamente necesario retomar el sentido de la Liturgia como culto público, no sólo en sus dimensiones canónicas, sino en las eclesiológicas, que en último término son cristológicas.  Erik Peterson, Tratados Teológicos, Madrid 1966, p.192: Sobre los ángeles. “Desde ella (la doctrina de los ángeles) se plantea la doctrina acerca de la Iglesia, de manera que en seguida se ve claramente que ésta es algo más que una sociedad religiosa humana, porque pertenecen a ella los ángeles. Como consecuencia, el culto eclesiástico no es nunca una contingencia meramente humana; no, porque los ángeles y todo el cosmos toman parte en él. Cánticos celestiales corresponden a los cánticos de la Iglesia, y la vida interna de la Iglesia se articula según el tipo de participación en el cántico celestial. Los ángeles, en el culto eclesiástico, significan que el culto que se tributa a Dios es un culto público”.

[145] Reinhard Messner, La direzione della preghiera, l’altare e il centro excéntrico dell’assamblea, en AA.VV., L’ALTARE, mistero di presenza, opera dell’arte, Edizioni Qiqajon – Comunità di Bose, p.205: “La poca comprensión de la oración orientada, es decir, de una dirección que no dependa del arbitrio y de los condicionamientos arquitectónicos casuales, es consecuencia de una notable pérdida de la conciencia de que la oración no es sólo un acontecimiento verbal, sino global, que envuelve todo el cuerpo del hombre, también la postura, mucho más cuando se trata de la oración común y pública. La disposición espacial de todos los orantes en una dirección única y no-arbitraria corresponde a su tender hacia un fin común”.

[146] Cyrille Vogel, Versus Orientem – L’ orientation dans les Ordines romani du haut moyen âge, La Maison-Dieu, 70, (1962), p.67-68: “Todas las religiones antiguas prescriben a sus adeptos dar a su cuerpo una dirección determinada durante la oración. Si el lugar hacia el que se orientan los fieles no es el mismo en todas partes, el hecho de la orientación en sí misma se presenta como una exigencia fundamental de todo culto; la posición en la que se hace la oración es tan importante como la forma eucológica recitada. El cristianismo no es una excepción a la regla general. Desde alrededor del año 200, y quizás incluso desde el comienzo del siglo segundo, tanto en Oriente como en Occidente, el cristiano rezaba hacia el sol levante, hacia el este, y muy pronto, desde Orígenes (+253-254), al menos, la dirección versus orientem es más importante  - en caso de conflicto – que otra exigencia, la de volverse durante la oración hacia el aire libre y el cielo descubierto. La ley de la orientación cultual impera esencialmente tres ámbitos: la oración privada, la oración colectiva o litúrgica propiamente dicha y la arquitectura de los edificios sagrados; por eso, ella da lugar a tres series de problemas que el análisis deberá distinguir cuidadosamente”.

[147] En una posición combativa a favor de la orientación común, Pietro Cantoni, Cristianità n. 309 (2002), p.5-18, Per un "nuovo" movimento liturgico. El texto de Uwe Michael Lang, Rivolti al Signore, Siena 2006, con prefacio del Cardenal Ratzinger) había aparecido en alemán en 2000 (más breve y sin el prefacio de Ratzinger), en inglés (completo) en 2004. El Cardenal ya había presentado el tema de la orientación en  Joseph Ratzinger La festa de la fede, Milán 1983,2ª 1990, p.111-116. Vuelve a aparecer en  Joseph Ratzinger, El Espíritu de la Liturgia, Madrid, 20022, (edición alemana de 1999) p.96-106. Le contestó ásperamente P.M. Gy, L’Esprit de la Liturgie du Cardinal Ratzinger est-il fidèle au Concile, ou en réaction contre?, La Maison-Dieu, 229, (2002), p.171-178. A su vez, obtuvo respuesta en J. Ratzinger, L’Esprit de la liturgie ou la fidélité au Concile: Réponse au Père Gy, en La Maison-Dieu, 230, (2002), p.114-120. Otros autores serán citados en el desarrollo.

[148] IGMR, 299: “Altare exstruatur a parete seiunctum, ut facile circumiri et in eo celebratio versus populum peragi possit, quod expedit ubicumque possibile sit”. No parece acertada la traducción del final: lo cual conviene que sea posible en todas partes.

[149] Cf. Uwe Michael Lang, Rivolti al Signore, Siena 2006, p.20.

[150] Cf. Respuesta de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos del día 25 de septiembre de 2000 “Se ha preguntado a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos si el enunciado del nº 299 de la Institución General del Misal Romano constituye una norma según la cual, durante la liturgia eucarística, la posición del sacerdote hacia el ábside haya de considerarse excluida.  - La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, habiendo examinado con madurez y teniendo en cuenta los precedentes litúrgicos, responde: Negativo y según la mente”.

[151] Cf. Rinaldo Falsini, L’altare verso il popolo è scelta conciliare, Vita Pastorale, 10/2006. Ha sido un gran defensor de que el altar versus populum fue una elección del Concilio, mostrando que incluso en  el aula se celebró así. “Reconocida la plena legitimidad conciliar de la elección, se puede abrir ahora un nuevo debate que tome en serio la experiencia de la reforma litúrgica llevada a cabo en estos cuarenta años – como ha surgido en el IV Congreso Internacional sobre ‘El espacio litúrgico y su orientación’, desarrollado en el monasterio de Bose los días 1-3.6.2006 – y al mismo tiempo las críticas presentadas a la reforma litúrgica. Confrontando las experiencias positivas y negativas, será ciertamente posible encontrar una solución concordada. No se trata de un simple pasaje de la ‘celebración vueltos hacia el pueblo’, he aquí la expresión propia del lenguaje litúrgico oficial desde 1964, a la ‘orientación en la oración vueltos hacia el Señor’, la primera para la liturgia de la Palabra y la segunda para la plegaria eucarística. En efecto, no se debe olvidar que la plegaria eucarística ‘vueltos hacia el  Señor’, está dirigida no a Jesucristo, sino al Padre por Cristo en el Espíritu y que el canon romano a la luz del lenguaje y de la historia está orientado hacia lo alto: Sursum corda, «Arriba los corazones» (Levantemos el corazón), a lo que el pueblo responde: «Los tenemos levantados hacia el Señor». No siendo posible volverse todos juntos en oración hacia Oriente, se podría pensar en una cruz gloriosa, colocada en alto sobre el altar, como punto de convergencia de la mirada orante de toda la asamblea. Es una sugerencia conciliante y conclusiva del citado congreso de Bose, que merece respeto, pero no convence”.  La discusión continuó, repitiendo los argumentos, en Vita Pastorale del 1 de enero de 2007; cf. Uwe Michael Lang, L’altare verso il popolo, afirmando que esto no fue una decisión del concilio y nuevamente Rinaldo Falsini, L’altare verso il popolo, que contesta que fue una recepción definitiva y total del concilio.

[152] Joseph Jungmann, La Liturgie des premiers siècles, París 1962, p.215-216: “Esta misma idea de orientación se expresó también en el plano de los cementerios. En la mayoría de los viejos cementerios de los pueblos de mi país, en el Tirol y en Austria, las tumbas están colocadas de tal manera que todos los muertos yacen con sus rostros hacia el este, hacia el sol levante... Es ciertamente un simbolismo lleno de significación. Sobre la puerta de entrada de uno de los más grandes cementerios del Tirol, ese simbolismo se expresa en una sola palabra: Resurrecturis”.

[153] Recuerdo perfectamente cuando, siendo seminarista, en algún momento de la renovación se quitó la obligación de volverse hacia la cruz para el Per Dominum nostrum Iesum Christum...  y un sacerdote comentó lo bueno de ese cambio que iba simplificando la celebración y quitando ritos inútiles. Él no sabía – yo tampoco – que ese era el último vestigio de una tradición que venía del siglo II, para significar que se ora ante Cristo que está junto al Padre, viene y vendrá. En 1960  y algo era entonces una rúbrica, de sentido desconocido, que recargaba los movimientos.

[154] Cf. Klaus Gamber La Reforma Litúrgica de la Liturgia Romana, Madrid 1996, p.41, que trascribe el juicio de Th. Klauser, Richtlinien für die Gestalung des Gotteshauses aus Geist des römisches Liturgie, 1949, nº8: “ciertas señales dejan entrever que, en la Iglesia del futuro, el sacerdote se colocará como antaño detrás del altar y celebrará con el rostro vuelto hacia el pueblo, como se hace aún en ciertas basílicas romanas; el deseo, que se percibe por todas partes de ver más claramente expresada la comunidad de la mesa eucarística, parece exigir esta solución”. Agrega Gamber: “Esto que Klauser presentaba entonces como algo deseable se ha convertido pasado el tiempo, casi en todas partes, en norma. Se piensa haber hecho revivir una costumbre de la Iglesia primitiva. Ahora bien, como vamos a ver, se puede probar con toda certeza que jamás ha existido, ni en la Iglesia de Oriente, ni en la de Occidente, una celebración ‘versus populum’, sino que únicamente todos se volvían hacia Oriente para orar”.

[155] Klaus Gamber La Reforma Litúrgica de la Liturgia Romana, Madrid 1996, p.42: “La costumbre de celebrar cara al pueblo apareció entre nosotros en el ‘Jügendbewebung” hacia los años veinte, cuando se comenzó a celebrar la eucaristía en el seno de pequeños grupos. El movimiento litúrgico, y antes que él Pius Parsch, propagaron esta costumbre. Creían revivir así una tradición de la Iglesia primitiva, pues habían observado que, en algunas basílicas romanas, el altar también estaba vuelto ‘versus populum’. Pero no se habían dado cuenta que en estas basílicas, contrariamente a otras iglesias, el ábside no estaba vuelto hacia Oriente, sino a la entrada”.

[156] Joseph Ratzinger, La festa de la fede, Milán 1983,2ª 1990, p.114.

[157] Sin lugar a dudas, también ha contribuido a complicar la discusión la postura de los que prefieren celebrar con el Misal de 1962 o el cisma de los lefevbrianos. Estas dos posturas y el tema de la orientación de la plegaria eucarística no son los mismos. Yo estoy hablando de la celebración según el llamado Misal de Pablo VI, en el que, entre otras diferencias, la Plegaria Eucarística se dice con voz audible y no en silencio.

[158] Por no alargar este artículo no entro en la consideración de la sede como lugar de la presidencia de la oración durante la Liturgia de la Palabra y los ritos de despedida. Debería asombrarnos el número aún frecuente de celebraciones en que todo empieza y termina en el altar. Esto no contribuye a la recta participación de los fieles, que han de poder distinguir, también espacialmente, los momentos de la celebración y, en particular, el sentido propio de la Liturgia Eucarística, que se expresa en su lugar propio: el altar.

[159] Cf. Uwe Michael Lang, Rivolti al Signore, Siena 2006, p.88, que trae el testimonio de Bouyer: “Antes que nada deseaban que las lecturas fueran proclamadas de frente a la asamblea. Su problema era que, según las rúbricas para la Misa simple (Nota: era diferente en la Misa Solemne), el sacerdote debía leer la Epístola y el Evangelio del misal, en el altar. Puesto que deseaban proclamar la Palabra de Dios cara al pueblo, y al mismo tiempo actuar conformes con las rúbricas, la única opción era celebrar la misa versus populum, como está establecido en el misal del Papa Pío V, en el caso de la particular disposición de las basílicas romanas. La Instrucción Inter Oecumenici de 1964 consentía la lectura de la Epístola y del Evangelio de un púlpito o ambón. Con tal Instrucción el  primer incentivo para celebrar la misa versus populum perdía validez”. (cf. Louis Bouyer, Arquitectura y Liturgia, Bilbao 2000 - ed. francesa Du Cerf 1991 – p. 98-102).

[160] Cf. G. Lercaro, L’heureux développement, en Notitiae 2, 1966, p.160, referido por  Uwe Michael Lang, Rivolti al Signore, Siena 2006, p.18; el contexto es el de la conservación de los altares antiguos.

[161] Hans Urs von Balthasar, Die Würde der Liturgie (citado en Uwe Michael Lang, Rivolti al Signore, Siena 2006, p.77-78), hablando del esfuerzo de darle a la liturgia un carácter comunitario por el trato afable del sacerdote y los fieles, agrega: “Extrañamente a causa de esta falsa interpretación  se tiene la sensación de que la liturgia post-conciliar se haya vuelto más clerical que lo que era en los días en que el sacerdote era un simple servidor del misterio que se estaba celebrando. Antes y después de la liturgia el contacto personal es absolutamente apropiado, pero durante la celebración la atención de todos debería estar dirigida al único Señor”. Pierre Gardeil, On disait autrefois «beau comme la messe»,  en   AA.VV. Reconstruire la liturgie, por Claude Barthe, París 1997, p.76: “Que se diga la Palabra de frente al pueblo, está perfecto, pero ¿a quién  uno se dirige diciendo « Te igitur clementissime Pater»? No al pueblo, sino al Padre. ¿De quién se va a celebrar la gloria? ¿A quién se le va a agradecer, porque yo creo que la misa es el único lugar de un agradecimiento verdadero de Dios? Somos uno, si se quiere, con el sacerdote. Nos dirigimos todos al Padre. De Él imploramos el don del Hijo que es nuestra salud.  Hoy en día, se ve mejor el celebrante y la vajilla. Es todo. Eso atrae la mirada sobre lo que es menos importante. Pero, en el orden psicológico, la necesidad que el sacerdote puede tener de un público ante él, indica ya una caída de la fe en el misterio que celebra. En verdad, el sacerdote debería abolirse cuando pronuncia las palabras de consagración”.

[162] Louis Bouyer, El rito y el hombre, Barcelona 1967 (ed. francesa 1962), p.172: “la idea de que la basílica romana sería una forma ideal de la iglesia cristiana porque permitiría una celebración donde sacerdotes y fieles se encontraran frente a frente es un completo contrasentido. Es, desde luego, lo último en lo que los antiguos habían pensado, y de hecho exactamente lo contrario al uso para el que estas iglesias fueron acondicionadas”. Además recuerda que poco había para ver, porque el Pontífice se limitaba a rezar, durante siglos ni siquiera tomaba el pan y el cáliz: por eso, la participación no era ver al celebrante, sino orar y ofrecer por y con él.

[163] Osvaldo Santagada, Liturgia de la Eucaristía. El Estatuto General del Misal Romano para la tercera edición típica de 2004. revista Teología, XLIII, 89, abril 2006, p.170-171, recuerda los cambios en el n.7, por la gran discusión de 1969 con respecto al sentido sacrificial de la Eucaristía y que la confrontación nunca cesó del todo.

[164] No es lugar para entrar en detalles históricos, como los que suponen que Cristo estaba en el centro de la mesa y rodeado por los discípulos, porque esta representación es tardía, por la simple razón de que en tiempos de Jesús  - y aún mucho después – se sentaban (o más bien se recostaban) en forma de semicírculo, y quien presidía se sentaba en la punta derecha.

[165] Como presentación actual, cf. Uwe Michael Lang, Rivolti al Signore, Siena 2006,p.27-64:  cap.II, Orientamento della preghiera, Liturgia e architettura della chiesa nella Chiesa degli albori.

[166] Cf. N. Maurice-Denis Boulet, La leçon des églises de l’antiquité, La Maison-Dieu, 63, (1960), p.24-40. Jean Wagner, Le lieu de la célébration eucharistique dans quelques églises anciennes d'occident, La Maison-Dieu, 1962, 70, p.32- 48.

[167] Cf. Klaus Gamber La Reforma Litúrgica de la Liturgia Romana, Madrid 1996, p.42. S. Agustín, Sermón 67,10: “Vueltos hacia oriente hacia el Señor, Dios Padre omnipotente, démosle las más expresivas y abundantes gracias con puro corazón cuanto lo permita nuestra pequeñez pidiendo con todo encarecimiento a su singular mansedumbre que se digne escuchar nuestras preces con beneplácito, que con su poder ahuyente al enemigo de nuestros actos y pensamientos; que nos multiplique la fe, gobierne la mente, nos conceda pensamientos espirituales y nos lleve a su bienaventuranza, por Jesucristo, su Hijo. Amén”.

[168] La “señal del Hijo del hombre”, que antecede a su venida gloriosa será interpretada como la cruz que aparecerá en el cielo antes que él y estará representada por la cruz en el ábside. Cf. Cyrille Vogel, La Croix Eschatologique en AA.VV., Noël, Épiphanie retour du Christ, Lex Orandi 40, París 1967, p.85-108.

[169] Se fundamente en E. Peterson, Eph. Lit., 49 (1945), 52-68. Parecería que esta orientación toma su pie en la separación de la Iglesia de la Sinagoga. Como los judíos oraban dirigiéndose a Jerusalén, los cristianos se distinguen volviéndose hacia el Oriente. Más que tomar una forma bastante generalizada en diversos cultos paganos, esta orientación se apoya en que oraban hacia Cristo, el nuevo Oriens ab alto, Sol que viene de lo alto.

[170] Joseph Jungmann, La Liturgie des premiers siècles, París 1962, p.212-213.

[171] Joseph Jungmann, El Sacrificio de la Misa (Missarum Sollemnia), 1963, p.316. Es muy clara y convincente la presentación de las primeras iglesias y de su ordenamiento de Robert. E. Taft, Spazio e orientamento nelle liturgie d’oriente e d’occidente: convergenze e divergenze, en AA.VV. Spazio Liturgico e orientamento, Ed Qiqajon, Comunità di Bose, Magnano 2007, p. 217-239.

[172] Entre otras cosas hay que recordar que las iglesias no tenían bancos, de modo que los fieles tenían una  movilidad de la que actualmente carecen.

[173] Joseph Jungmann, La Liturgie des premiers siècles, París 1962, p.214-215.

[174] Para el siglo VII en adelante, cf. Cyrille Vogel, Versus Orientem – L’orientation dans les Ordines romani du haut moyen âge, La Maison-Dieu, 70, (1962), p.67-99.

[175] Toda la evolución claramente presentada en Martin Wallraff, L’orientamento [della preghiera liturgica]. Linee storiche, en AA. VV., Spazio Liturgico e orientamento, Ed Qiqajon, Comunità di Bose, Magnano 2007, p.153-165. Luego de tratar los cambios habidos en la catedral medioeval con respecto al mundo antiguo, en particular porque ya no se reza hacia el cielo abierto, sino en un mundo interior ordenado, concluye: “los dos mundos están en continuidad, y tienen en común lo que para nosotros hoy se ha vuelto difícil y problemático: la oración del cristiano se inserta en un espacio que no es sólo espacio del hombre, espacio individual, sino que lo introduce en un contexto más amplio, un contexto que no es sólo la comunidad, la comunión en el nombre de Dios, sino una orientación hacia Dios”(p.165).

[176] Cyrille Vogel, La Croix Eschatologique en AA.VV., Noël, Épiphanie retour du Christ, Lex Orandi 40, París 1967, p.104-105: “Porque expresa la fe de los cristianos en la segunda parusía de Cristo, la cruz escatológica es, por el mismo hecho, también una crux victoriae o una crux triumphalis. Por ahí se explican – pensamos – ciertas particularidades de la figuración de la cruz en el arte paleocristiano, y más particularmente las cruces absidales, tanto en Oriente como en Occidente. Porque es escatológica, la cruz, emblema de victoria y anunciadora del juicio, es una cruz luminosa – porque toda teofanía o parusía es una fiesta de la luz – es de oro, a menudo sobre un fondo de cielo estrellado, porque el signo precursor del Juez brillará en el cielo.

[177] Notitiae, 322, vol. 29(1993), n.5, p.245-249.

[178] El texto parece identificar Dominus, Señor = Jesucristo; sin embargo, Dominus en el díálogo, como en el texto del prefacio, es el Padre: Domine, Sancte Pater, Omnipotens aeterne Deus. Es frecuente en el debate confundir la dirección al oriente (hacia el Señor que viene, es decir, Jesús), y la oración al Señor Dios (es decir, al Padre). Es claro que físicamente en una determinada oración no se puede tener sino una orientación y que esa orientación puede tener más de un significado; pero no hay que mezclar las argumentaciones ni la terminología. Según la concepción antigua, en la Prex oramos esperando a Cristo, pero oramos al Padre, por Cristo.

[179] Los argumentos parecen muy  pobres, aunque es verdad que aparecen en un breve editorial de cinco páginas. El gegenüber, o enfrente, lo único que quiere decir en teología es que no es mero representante popular, al modo democrático, sino que su potestad le viene de arriba. Lo cual, por ejemplo, se expresa ciertamente en la cátedra frente al pueblo (aunque no es la única posición, porque puede estar al costado y en donde había bema, estaba físicamente en el medio, rodeada de los fieles, orientada al ábside y no dejaba de presidir). Pero el punto es cómo se expresa esté don del ministro para la comunidad en la oración y particularmente en la Plegaria Eucarística. ¿El estar el sacerdote en la misma dirección que los fieles, presidiendo como cabeza que ora y ofrece ante Dios, no expresa el gegenüber? Parece una exageración en el uso de la metáfora gegenüber. El argumento usado está agrandado: ¿no entenderán los orientales y tampoco la Iglesia de los Padres el gegenüber del ministerio, al orar todos hacia oriente, pero hablar sólo el Pontífice y responder el pueblo con el amén?

[180] Por otra parte, justamente se queja el editorial de que a treinta años del Concilio aún haya altares provisorios en tantas iglesias.

[181] El subrayado es nuestro, porque pone propiamente la cuestión litúrgica, que es teológica, pero también de simbología encarnada, visible.

[182] El editorial da una serie de consejos para que el celebrante versus populum, cumpla su oficio de instrumento del actor principal, el Señor Jesús.

[183] Respuesta del Cardenal Jorge Medina Estévez, Prefecto de la Congregación del Culto Divino al Cardenal Christoph Schönborn, Arzobispo de Viena (en CCCIC 32, 2000, p.171-172), transcrita en Uwe Michael Lang, Rivolti al Signore, Siena 2006, p.21.

[184] En primer lugar se advierte que expedit no indica una obligación, sino una sugerencia.

[185] El expedit se refiere tanto al altar exento, como a la celebración versus populum. A tener en cuenta, para interpretar la indicación, la topografía del lugar, las posibilidades del espacio, el valor  artístico, la sensibilidad del pueblo que participa en una determinada iglesia.

[186] Uwe Michael Lang, Rivolti al Signore, l’orientamento nella preghiera liturgica, Siena 2006 (edición norteamericana 2004)

[187] Ibid. p.7-10.

[188] Ibid. p.8. Este cuidado por la paz en la Iglesia lo había adelantado Ratzinger muchos años antes, escribiendo sobre el problema de la orientación de la celebración: “Hoy se discute sí o no sobre el tema de la orientación en la celebración. No sería ciertamente justo, después de la agitación de los años pasados, solicitar aquí nuevamente modificaciones exteriores. Tanto más importante parece una educación litúrgica que conduzca a una realización interior precisa y le imprima aquella dirección que, para la Eucaristía, es muy importante” (Joseph Ratzinger, La festa de la fede, Milán 1983,2ª 1990, p.111).

[189] Al momento de publicar este artículo en la revista Soleriana, no estaban publicadas las actas, el momento de reunir este material, sí lo están: AA. VV., Spazio Liturgico e orientamento, Ed Qiqajon, Comunità di Bose, Magnano 2007.

[190] Cf. Enzo Bianchi, Discorso di apertura (AA. VV., Spazio Liturgico e orientamento, p.7-14): “Probablemente el interés actual por la arquitectura litúrgica testifica la necesidad de repensar el espacio litúrgico a la luz de los modelos de la vida cristiana, de iglesia y de liturgia, indicados por el Concilio Vaticano II. La investigación que nos espera en estos días sobre el significado antropológico, bíblico, teológico y arquitectónico del espacio litúrgico es también una expresión de la común voluntad de redescubrir el valor y el significado originarios del espacio litúrgico cristiano”(p.7).

[191] Ibid., p.9.

[192] Cita a Luis Bouyer, Liturgia e archittetura, Bose 1994, p.61.

[193] Bianchi cita Uwe Michael Lang, Rivolti al Signore, Siena 2006, p.73.

[194] Reinhard Messner, La direzione della preghiera, l’altare e il centro excéntrico dell’assamblea, en AA.VV., L’ALTARE, mistero di presenza, opera dell’arte, Edizioni Qiqajon – Comunità di Bose, p.203-204: “Mediante el término relacional versus se ponen en relación recíproca dos realidades: la celebratio y el populus. Pero, ¿qué tipo de ‘celebración’ es esta en la cual el ‘pueblo’ (la asamblea) debe primero ser puesto en relación? ¿Quién es el sujeto de la celebratio? Claramente no es el populus, si no habría que decir celebratio populi y no versus populum. La respuesta es muy simple: es el presbítero el que celebra versus populum¸ a lo más rodeado de un grupo de sus ministros. En realidad se trata de la posición del presbítero en el altar. El ‘pueblo’ normalmente no se encuentra absolutamente ‘entorno al altar’, sino en los bancos de la iglesia. En el espacio, para decirlo de alguna manera, de los espectadores ‘de frente’ al altar, aún si este ‘espacio de los espectadores’ está dispuesto en forma semicircular o en formas símiles”. Consiente el autor que con esta posición del celebrante se buscó la participación de los fieles. “Pero al menos se debe aceptar una pregunta autocrítica: ¿la actuosa participatio de la asamblea en la celebratio versus populum no es quizás una participación al hacer –  es decir la celebratio – del presbítero? ¿En la intención de los que celebran de este modo, no se encubre una sutil forma de clericalismo?”.

[195] Cf. Angelo Lameri, L’ Orientamento nei testi liturgici, en AA.VV., Spazio Liturgico e orientamento. Ed Qiqajon, Comunità di Bose, Magnano 2007, p. 189-201. Totalmente a favor de la posición versus populum y opuesto al oriente litúrgico: “No podemos olvidar que durante siglos este modo de celebrar la eucaristía ha testimoniado en los hechos la neta separación entre lo que el presbítero hacía y las devociones privadas mediante las cuales los fieles asistían a misa” (p.197). La posición debería ser hacia el altar, rodeándolo, y hacia arriba.

 

[196] Muy interesante la mirada desde la liturgia oriental. Cf. Robert. E. Taft, Spazio e orientamento nelle liturgie d’oriente e d’occidente: convergenze e divergenze, en AA.VV., Spazio Liturgico e orientamento. Ed Qiqajon, Comunità di Bose, Magnano 2007, p.231:  “En cuanto al asunto de la orientación, lo he dejado para lo último, porque no surge como un problema relevante en los comentaristas orientales del pasado ni en los de hoy. Lo que es decisivo es el hecho de rezar dirigidos hacia el altar y hacia las imágenes iconográficas del ábside del santuario, que determinan esa posición; pero la dirección hacia la cual el altar está orientado parece indiferente. Se presume que este vuelto hacia oriente, pero no he oído jamás a un representante de la tradición litúrgica oriental plantear  esto como una cuestión esencial, o insistir en la importancia de la orientación en su devoción personal. Como escribió hace algunos años el entonces Cardenal Ratzinger: ‘El hombre contemporáneo comprende poco de tal ‘orientación’ ((J. Ratzinger, Introduzione allo spirito della liturgia, p. 71); y de mi parte agregaré que tal conciencia se acabó más o menos contemporáneamente con el descubrimiento de la electricidad. La posibilidad de reavivarla es dudosa, y mi impresión después de una vida inmersa en el oriente cristiano y en sus tradiciones litúrgicas es que no constituye una cuestión particularmente importante en el cristianismo oriental de hoy. Muy importante en cambio es la dirección hacia la cual mira el presbítero mientras celebra, la cual depende, no de la orientación de la iglesia, sino del sistema de símbolos que ya he descrito”.

[197] Cf. Constitución Apostólica Missale Romanum. Cf. Joseph Jungmann, El Sacrificio de la Misa (Missarum Sollemnia), 1963, en la explicación de la Misa, p.745 ss., Sección II, “Canon actionis”. Ver p.747, “Esta parte central de la misa se  calificaba también como acción sagrada mediante la expresión actio, que encontramos ya en una fuente del siglo VI, en la que dice que el pueblo debe cantar el Sanctus, en unión con el sacerdote, intra actionem. Este nombre aparece además en la cabeza del diálogo, que nos introduce en el prefacio en varios manuscritos de los más antiguos sacramentarios: Incipit canon actionis. El texto que comienza con el Sursum corda se considera como el fundamento, la base firme de la acción sagrada que va a seguir”. Nótese que el canon actionis comienza con el diálogo del prefacio.

[198] Severino Dianich,  La posizione del prete all’altare, en Vita Pastorale, 7/2006, se opone a esta perspectiva porque sostiene que la plegaria contiene la narración y mímesis de los gestos del Señor, que está dirigida a los fieles. Por eso, presenta una disyuntiva absoluta: “La elección entonces parece no tener un término medio: o se vuelve al latín, y a la plegaria eucarística murmurada en silencio por el sacerdote celebrante, o  la plegaria eucarística por su misma estructura de acción de gracias dirigida al Padre, pero a través de la repetición del gesto de Cristo, requiere ser pronunciada en la dirección de los participantes invitados a tomar parte en la mesa del Señor”. Sin embargo, hay que notar que la mímesis de los gestos de Jesús no coinciden con la ‘narración de la cena’ - excepto quizás el tomar en la mano el pan y el cáliz - ; los gestos (en obediencia al mandato de hacer en su memoria) se realizan en toda la liturgia eucarística (presentación de los dones, plegaria de acción de gracias con anámnesis y ofrecimiento, fracción del pan y entrega para la recepción de los dones). Quizás ahí esté gran parte de la confusión: la narración de la cena no es la mímesis ante los fieles, sino la narración al Padre (de hecho las palabras se dirigen a Él no a los fieles), para que haga memoria y reconozca que se está haciendo lo que su Hijo mandó hacer.

[199] Tan es así que toda la Misa toma los nombres de oblatio y sacrificium. Egeria usa oblatio y oferre; en el ámbito griego prosphorá, anaphorá. (cf. Joseph Jungmann¸ ibid. p.232-239).

[200] No deja de ser verdad que en los Ordo romani, se exigía que el Pontífice se volviera hacia oriente, para el Gloria (luego de entonarlo hacia el pueblo), la Colecta: es decir, siempre que se dirigiera a Dios. En estos textos romanos, retomados por la tradición franca, la cátedra estaba ya a un lado del altar, y el altar en el ábside hacia oriente.

[201] Esta misma solución presenta Max Thurian, La Liturgie, contemplation du mystère, en Notitiae, 32, 1996, pp.693, para mantener los altares valiosos unidos a un retablo: “Donde la tradición ha dejado muy bellos altares adosados al ábside, se podría respetar esta orientación, combinando la celebración entre un cara a cara de los celebrantes y la comunidad para la liturgia de la Palabra y una orientación común hacia el altar desde el ofertorio al Amén de la plegaria eucarística...”.

[202] En una celebración en un altar pegado al retablo, el sacerdote se volvía hacia el pueblo para ofrecerle la paz y para el Ecce Agnus Dei. Nada impide que en un altar exento, que se puede rodear, si el sacerdote rezó ad absidem, in Deum, luego rodee el altar para decir ‘la paz del Señor esté con vosotros’ y siga de ese lado para el Ecce Agnus Dei. Se expresaría mejor la unidad de los dos movimientos de la Celebración de la Eucaristía: se presentan y ofrecen a Dios los dones,  se celebra el memorial de la pasión, resurrección y ascensión del Señor, con la oblación del sacrificio – todo lo expresado en la anáfora –, dirigidos el sacerdote y los fieles versus absidem, y luego esos dones eucaristizados, la oblata, se nos ofrecen y dan en alimento de vida eterna: el sacerdote de frente a los fieles.

[203] Joseph Ratzinger, El Espíritu de la Liturgia, Madrid, 20022, (edición alemana de 1999) p.105: “Más importante es la cuestión práctica. ¿Tenemos que volver ahora a cambiarlo todo? Nada más nocivo para la liturgia que poner constantemente todo patas arriba, incluso cuando no se trata de verdaderas novedades”. Asume la propuesta de la cruz en el altar o encima de él como referencia para fieles y sacerdotes: pero sería una convergencia, no una misma dirección. Ibid., p.6: “Si el libro pudiese impulsar algo así como un ‘movimiento litúrgico’, un movimiento hacia la liturgia, que lleve a una celebración adecuada a ella, tanto interna como externamente, se cumpliría con creces la intención que me ha movido al realizar este trabajo”.

[204] Se pueden ver proyectos de reforma del Canon Romano y otros de nuevos cánones en Cyprien VAggagini, Le Canon de la messe et la réforme liturgique, (Lex Orandi 41), París 1967.

 

MAG EXCLUSIVO - cardenal Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, llama a la reflexión seria sobre la Eucaristía. E invita a los sacerdotes y fieles a mirar hacia el este, el Cristo.

A tan sólo unas pocas semanas Ud.  ha expresado el deseo de "poner al centro al sacramento de los sacramentos", es decir, la Eucaristía. ¿Por qué razón?

Yo deseo comprometer  en una gran reflexión sobre este tema, para poner la Eucaristía en el centro de nuestras vidas. Tomo nota de que muchas de nuestras liturgias se convierten en entretenimiento. A menudo, el  sacerdote no celebra más el amor de Cristo a través de su sacrificio, sino un encuentro entre amigos, una comida convival, un momento fraterno. Al tratar de inventar liturgias creativas y festivas, corremos el riesgo de un culto demasiado humano, para que coincida con nuestros deseos y las modas del momento. Poco a poco, los fieles se alejan de lo que nos da la Vida. ¡Para los cristianos, la Eucaristía, es una cuestión de vida o muerte!

 Referencia

Orientación "Así de celebración en celebración, anunciando el misterio pascual de Jesús" hasta que venga "(1 Co 11, 26), el pueblo de Dios que peregrina avanza por la puerta estrecha de la Cruz"

Catecismo de la Iglesia Católica, § 1344, en la conclusión del capítulo "La institución de la Eucaristía."

¿Cómo poner a Dios en el centro?

La liturgia es la puerta de nuestra unión con Dios. Si las celebraciones eucarísticas se transforman en autocelebraciones humanas, el peligro es inmenso, porque Dios desaparece. Hay que empezar por poner a Dios en el centro de la liturgia. Si el hombre es el centro de la liturgia, la Iglesia se convierte en una sociedad puramente humana, un simple ONG, como dijo  el Papa Francisco. Si, por el contrario, Dios está en el corazón de la liturgia, ¡entonces  la Iglesia va a recuperar su vigor y la savia! "En nuestra relación con la liturgia se juega el destino de la fe y de la Iglesia", escribió proféticamente el cardenal Joseph Ratzinger.

¿Qué remedio recomienda Ud.?

El reconocimiento de la liturgia como obra de Dios supone una verdadera conversión del corazón. El Vaticano II insistió en un punto importante: en este ámbito, lo importante no es lo que nosotros hacemos sino lo que Dios hace. Jamás una obra humana alguna podrá lograr lo que se encuentra en el corazón de la misa, el sacrificio de la cruz.

La liturgia nos permite salir de los  muros de este mundo. Reencontrar la santidad y la belleza de la liturgia, por lo tanto, requiere, pues, un trabajo de formación para los laicos, sacerdotes y obispos. Se trata de una conversión interior.

Para volver a poner a Dios en el centro de la liturgia, es también necesario: esa capacidad de callarse para escuchar a Dios y su palabra. Yo afirmo que no nos encontramos con Dios sino en el silencio y la profundización de su palabra en lo más profundo de nuestro corazón.

¿Cómo concretamente?

Convertirse, es volverse hacia Dios. Estoy profundamente convencido de que nuestros cuerpos deben estar involucrados en esta conversión. La mejor manera es, sin duda celebrar - sacerdotes y fieles –todos juntos vueltos en la misma dirección: hacia el Señor que viene.

No se trata - como a veces oímos decir- , celebrar dando la espalda a los fieles o de cara a ellos. El problema no está allí. Se trata de volverse juntos hacia el ábside, que simboliza al Oriente, donde se alza la cruz del Señor resucitado.

Por esta manera de celebrar, vamos a experimentar, incluso en nuestro cuerpo, la primacía de Dios y de la adoración. Entendemos que la liturgia es nuestra primera participación en el perfecto sacrificio de la cruz. Yo lo he experimentado personalmente; celebrando así, la asamblea, con el sacerdote a la cabeza, es como aspirada por el misterio de la cruz en el momento de la elevación.

¿Sin embargo, se permite de esta manera de obrar?

Sí, es legítima y  respeta la letra y el espíritu del Concilio. Como prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, quiero recordarles que la celebración versus orientem (hacia oriente) está autorizada por las rúbricas, que especifican los tiempos en que el celebrante debe volver al pueblo. Por lo tanto, no se necesita un permiso especial para celebrar cara al Señor. Por eso, en un artículo publicado por L'Osservatore Romano, en junio de 2015, propuse que los sacerdotes y fieles la mirada hacia el Este, al menos durante el acto penitencial, durante el canto del Gloria, las oraciones y la oración eucarística.

En la mente de muchos, el cambio de orientación del altar está relacionado con el Vaticano II. ¿Es verdad?

Más de cincuenta años después de la clausura del Vaticano II, ¡es urgente que leamos sus textos! ¡El Concilio nunca ha pedido que se celebre de cara al pueblo! Esta cuestión no es ni siquiera tratada por la Constitución Sacrosanctum Concilium ... Más aún, los padres conciliares han querido subrayar la necesidad de que todos entren en la participación del misterio celebrado. En los años siguientes al Vaticano II, la Iglesia ha buscado la manera de poner en práctica esta intuición.

Así,  celebrar de cara al pueblo se ha convertido en una posibilidad, pero no una obligación. La Liturgia de la Palabra justifica el cara a cara del lector y los oyentes, el diálogo y la pedagogía entre el sacerdote y su pueblo. Pero cuando llegamos al momento en que se  dirige a Dios - desde el ofertorio - es esencial que el sacerdote y los fieles miren juntos hacia el Oriente. Esto corresponde exactamente a lo que ha querido que los padres conciliares.

Creo que deberíamos volver al texto del Concilio.

Algunas adaptaciones a la cultura local probablemente no han sido suficientemente maduras. Pienso en la traducción del Misal Romano. En algunos países, algunos elementos importantes se han eliminado, en particular durante el ofertorio. En francés, la traducción de la Orate Fratres se ha truncado. El sacerdote debe decir: Orad, hermanos, para que mi sacrificio que es también vuestro sea agradable a Dios Padre Todopoderoso. Y los fieles responden: Que el Señor reciba el sacrificio de tus manos, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia. En la audiencia que me concedió el sábado 2 de abril, el Papa me confirmó que las nuevas traducciones del Misal Romano deben imperativamente respetar  el texto latino.

¿En qué queda para Ud. la participación de los fieles?

La participación de los fieles es primordial. Consiste principalmente en dejarse arrastrar a tras de Cristo en el misterio de su muerte y resurrección.

No se va a la misa para asistir a una actuación. Se va a participar en el misterio de Dios, recordó Francisco recientemente. La orientación de la asamblea hacia el Señor es una manera simple y práctica de promover una verdadera participación de todos en la liturgia.

La participación de los fieles, por tanto, no puede ser entendida como la necesidad de “hacer algo". En este punto, se ha distorsionado la enseñanza del Concilio. Al contrario se trata de que Cristo nos tome y nos asocie a su sacrificio.

Sólo una mirada empapada en una fe contemplativa nos preservará de reducir la liturgia a un espectáculo en el que todo el mundo tiene un papel que desempeñar. La Eucaristía nos adentra en la oración de Jesús y en su sacrificio, porque sólo él sabe adorar en espíritu y en verdad.

¿Qué sentido le da la Iglesia a esta cuestión de la dirección?

En primer lugar, no estamos solos en orar de forma orientada. El templo y sinagogas judíos siempre han estado orientados. Al encontrar esta dirección podemos volver a nuestros orígenes. También observo que los no cristianos, los musulmanes, en particular, están orientados para orar.

Para nosotros, la luz es Jesucristo. Toda la Iglesia está orientada a Cristo. Ad Dominum. Una Iglesia cerrada en sí misma en un círculo cerrado ha perdido su razón de ser. Para ser ella misma, la Iglesia debe vivir de cara a Dios. ¡Nuestro punto de referencia es el Señor! Sabemos que Él vivió con nosotros y Él regresó al Padre en el Monte de los Olivos, al este de Jerusalén. Y que regresará de la misma manera. Permanecer vueltos hacia el Señor, es esperarlo cada día.

No debe ser que Dios se lamente constantemente: "¡Ellos me vuelven la espalda en vez de volver hacia mí su rostro!”(Jr 2, 27). [...]

"Morir en la Eucaristía"

"En la misa, en primer lugar estamos presentes para Dios. Si no volvemos los ojos a Dios de una manera radical, nuestra fe se convertirá en tibia, errante e incierta. Cuando yo era monaguillo, observaba detenidamente la delicadeza y el fervor con que los misioneros estaban celebrando sus misas. Gracias a ellos, me di cuenta de que cuando el sacerdote dice: "Grande es el misterio de la fe", ¡no es una fórmula!

Sin fe, ¿qué puede significar la Eucaristía? Recuerden que muchos discípulos abandonaron a Jesús cuando les dijo: "Les doy mi cuerpo para comer”. Incluso hoy en día, muchos lo abandonan.

Están físicamente presentes en la misa, pero su fe desfallece, debilitada por la falta de entusiasmo de nuestro tiempo y el paganismo de nuestras sociedades. Es la fe que introduce a los hombres en el misterio de Dios que ama hasta la muerte.

Y yo muero en cada Eucaristía, como dice San Pablo, "cada día muero" (Romanos 15). Si morimos en la Eucaristía, sabemos que esto es para la nueva vida. La misa debe estar precedida por una intensa vida de oración en casa.

La celebración de la Eucaristía será densa que cada cristiano cultiva una interioridad profunda u una intensa vida de oración diaria.

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