Comentario Tercer Domingo de Cuaresma. Introito.

   Vuelve el Salmo 24, que encontramos el I Domingo de Adviento en varios momentos del propio y en el introito Reminiscere que era el propio del II Domingo de Cuaresma y que ahora quedó como segunda opción.
   Esta observación ayuda a mostrar como la Liturgia Romana en su oración en los pasajes propios de la Misa tiene una serie de reasunciones de textos, que van modelando el alma del fiel y la comunidad celebrantes.
   La antífona toma los v.15 y 16.
   La primera parte es la expresión de una confianza permanente y sin límites en el Señor su salvación.
   En el introito del Graduale se comienza con un oculi mei sumamente destacados por la primera sílaba con dos notas y un salto de sol-re agudo.
   Este íncipit con un salto de quinta de la final a la dominante, subraya las palabras del texto (los ojos que se elevan y mantienen fijos en Dios). Es casi un grito estos ojos que están fijos en el Señor. La repetición del Re prepara la palabra semper, como ya vimos en pasajes de los domingos de Adviento, este ‘siempre’ destaca la oración perseverante e ininterrumpida hasta el final, a la que el Señor exhorta en el Evangelio y que la oración litúrgica quiere mantener. Tiene una gran fuerza expresiva entre ‘los ojos que se levantan’ y el ‘Señor’ a quien miran suplicantes. [Recordar la acentuación de semper en el Introito Gaudete del III Domingo de Adviento]
   El término de la mirada orante es el Señor Dominum, con una larga expresión melismática descendente.
   Retoman las notas agudas, para proclamar la acción del Señor: liberar del lazo. El texto de esta segunda semifrase subraya ipse (= él, él mismo), el Señor que hará la acción. Evellet (soltará, ha de soltar, también ‘liberará). Este evellet, acción liberadora del lazo del tentador, de la muerte, es la culminación superior en las notas.
   La segunda parte expresa la súplica que se apoya en la anterior confianza.
   Las frases sucesivas terminan en melodías descendentes sobre las palabras me a mí) mei (ten misericordia de mí), y unicus y pauper y el ego final. Todo esto manifiesta la cercanía y la humildad del orante.
   Es difícil traducir el pauper. Afligido indica una situación emocional. Pero pauper, conduce a los ‘pobres de Yavé’, a la primera bienaventuranza.
   El recitado del Salmo vuelve a tomar los v.1-2 del Salmo 24.
   Como observamos puede ser porque se van recitar los versículos necesarios del salmo, comenzando por los primeros.
Señalamos que son los versículos tomados para el Introito del I Domingo del Adviento, que abre todo el año litúrgico. Si se canta el Introito Reminiscere el II Domingo de Cuaresma, la repetición en este III Domingo acentúa la importancia de este salmo.
   La Liturgia no tiene nuestro concepto de que hay que variar por variar, sino al contrario, la repetición, la asunción de la Palabra de Dios una y otra vez, la va poniendo en el corazón. Así se va cumpliendo la indicación: que la mente y el corazón sigan la voz (de la Palabra rezada).
   Es la súplica de la esperanza, que es confianza y elevación hacia Dios.

   v. S 24,1.2. A ti levanto mi alma, Dios mío en ti confío, no quede yo avergonzado. 


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