No cuesta entender que es Dios el dueño de la viña y los servidores los profetas; que el Hijo es Jesús, y su muerte, fuera de la viña, anticipa la crucifixión.
¿A qué viene esta parábola? ¿Simplemente a traernos una realidad histórica, mostrando cómo Jesús fue rechazado por las autoridades de su pueblo y que, sin embargo, el Padre lo resucitó y lo colocó como piedra angular de su nuevo pueblo?
Hoy podemos preguntarnos si realmente Jesús es la Piedra Angular de nuestra vida personal y comunitaria. Si Él no está en el centro, es difícil ver el valor real de cada cosa, en nuestra relación con los demás, con la creación y con nosotros mismos.
Mi reflexión sobre el evangelio de este domingo 27° durante el año, ciclo A.
Y además: el sínodo, Laudate Deum, santos de la semana.
Bendiciones,
+ Heriberto, Obispo de Canelones,

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