Y ya adelantan el juicio definitivo de Jesucristo y su reino que destruye la ciudad del pecado y la muerte (=Babilonia, la gran Ramera): "Después oí en el cielo como un gran ruido de muchedumbre inmensa que decía: «¡Aleluya! La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios, porque sus juicios son verdaderos y justos; porque ha juzgado a la Gran Ramera que corrompía la tierra con su prostitución, y ha vengado en ella la sangre de sus siervos.»  Y por segunda vez dijeron: «¡Aleluya! La humareda de la Ramera se eleva por los siglos de los siglos.»   4 Entonces los veinticuatro Ancianos y los cuatro Vivientes se postraron y adoraron a Dios, que está sentado en el trono, diciendo: «¡Amén! ¡Aleluya!» (Ap. 19,  1-4).

5) Ya dentro del ábside se llega a ver la mano, que representa a Dios Padre (a Dios, el Padre, nadie lo ha visto jamás, Dios Hijo es el que lo ha dado a conocer). El gesto de los dedos significa que habla, que entrega su palabra. Así en la generación eterna el Hijo es engendrado antes de todos los siglos, como Verbo y Palabra Eterna. Y es enviado hecho hombre, porque la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros y nos conduce al Padre, hacia el Reino que no tiene fin. Hace presente ese reino en su encarnación, lo lleva a plenitud en su muerte, resurrección y ascención, con el envío del Espíritu Paráclito.